Desde mi pluma
El costo del privilegio
Listín Diario publicó una serie de reportajes esta semana que invitan a detenerse y mirar con más atención cómo se usa (o a veces se malgasta) el dinero que pertenece a todos los dominicanos. Los reportajes a los que me refiero revelaron que durante los últimos años, cientos de vehículos de alto costo han sido importados al país sin pagar impuestos, amparados en exoneraciones concedidas a legisladores, diplomáticos y hasta a familiares de estos últimos.
La práctica no es nueva, pero los detalles definitivamente preocupan. Vehículos valorados en millones de pesos, traídos bajo el amparo de leyes que otorgan ese derecho a quienes ya tienen poder y representación. Mientras tanto, la mayoría de los dominicanos sigue cumpliendo con sus obligaciones fiscales, aun cuando el sueldo no siempre alcanza para cubrir lo básico.
Lo más preocupante es que esta situación se ha intentado corregir. Han existido propuestas para revisar o limitar estas exoneraciones, algunas tan sencillas como asignar vehículos estatales por tiempo de función o establecer topes razonables. Pero casi todas se han quedado varadas en el mismo Congreso que se beneficia de ellas.
Hablar de reducir el gasto público no puede ser solo un llamado a los que menos ganan. También debería incluir a quienes toman decisiones, a quienes disfrutan de ventajas que ya no se sostienen frente a una un país lleno de inflación que no tiene un solo problema básico resuelto de raíz. Que no se olvide que cualquier discurso de austeridad pierde fuerza: cuando se exige sacrificio, pero no se predica con el ejemplo.
Este tema debería estar por encima de cargos o posiciones. Porque si de verdad queremos construir un país más justo, es momento de revisar los espacios donde el privilegio pesa más de la cuenta.

