Ideando
Mendy López
Muchos como yo en Pimentel, admiramos a Mendy López antes de ser famoso. Fuimos fanáticos suyo en la pelota y en el voleibol porque en ambos deportes era admirable. También lo fuimos como lector de poesía y como conductor de algunas ceremonias oficiales en la comunidad.
Entonces él era un dinámico muchacho multifacético y a la vez un ejemplo para los que le seguíamos.
Posteriormente supe que también tenía mucha facilidad para escribir poesía y para narrar cuentos, lo cual no era extraño en nuestro pueblo.
Poco a poco, la originalidad de su talento empezó a llamar la atención de la crónica deportiva y de los fanáticos del béisbol dominicano, hasta que terminó siendo uno de los mejores y más aplaudido.
Escucharle narrar la pelota era asistir al play sin ir al play. Su magia, su vocabulario, su dinamismo y su estilo le ponían un entusiasmo especial a lo contado y le permitían transportar al fanático a la escena de la acción.
Muchos le consideraban como uno de los clásicos en la materia porque su forma era digna de admiración y comparable a los mejores de ese oficio en el país.
En el corazón enlutado de la crónica deportiva del país y en el recuerdo de cada fanático del béisbol criollo, así como en la memoria de nuestro pueblo y nuestra gente en Pimentel, residirá por siempre su nombre y su bien ganado prestigio, porque nos honró con su calidad profesional y con su conducta cívica.

