pensando

El envejecimiento

No puedo ocultar mi aflicción al ver a mis amigos sobrellevar su envejecimiento acercándose al final de sus días, algunos abatidos por la falta de salud. La salud física y mental se va perdiendo y nos hace ver la vida con más realidad, calidez e interés en nuestras relaciones humanas. Y es que paradójicamente la enfermedad nos llega para darnos la plena conciencia de entender con sabiduría la búsqueda de estabilidad en el paso por la vida, como vía de lograr el valor de lo espiritual y asumir con conformidad las limitaciones que los quebrantos de salud nos exigen. Nos entregamos más a Dios, valoramos más la familia, los amigos, el trabajo y sobre todo, esa tranquilidad que nos da vivir en paz consigo mismo. Reflexionamos en que debemos construir lo que necesitamos para ser felices con lo logrado. Es la mayor de las pruebas a que nos sometemos para llegar dignamente al final de nuestros días y despedirnos con una misión cumplida, a pesar de la intolerancia de las enfermedades que hay que vencer, cultivando la pureza del espíritu para mitigar el dolor. Entendamos que la realidad de nuestra lucha por sobrevivir comienza con el valor de aceptar nuestros errores y reivindicar con la fe en Dios, que alcanzaremos la vida eterna cumpliendo Sus preceptos. En definitiva, el envejecimiento es la conclusión de lo vivido y la respuesta de la misión de nuestra existencia.