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Debe preocuparnos

Que en los hospitales dominicanos nazcan más niños haitianos que dominicanos, debe preocuparnos.

Que en muchos lugares del país haya poblaciones completas de haitianos que viven bajo sus propias reglas sociales, imponiendo costumbres, idiomas, creencias, etc., debe preocuparnos.

Que no exista un lugar del país donde no haya ciudadanos haitianos indocumentados viviendo como “chivos sin ley”, debe preocuparnos.

Que el grado de fecundidad de las mujeres haitianas sea varias veces superior al de las dominicanas, debe preocuparnos.

Que existan tantas instituciones pro haitianas establecidas en nuestro país con agendas que propugnan porque los dominicanos nos hagamos cargo de los haitianos y sus problemas, debe preocuparnos.

Que en diferentes zonas del país ciudadanos haitianos ilegales estén depredando nuestros bosques ante el silencio de las autoridades de medio ambiente y la complicidad de algunos malos dominicanos, debe preocuparnos. Que exista tanta indiferencia internacional por los problemas de Haití y muchos entiendan que pueda crearse un campo de refugiados en nuestro territorio como respuesta al problema, debe preocuparnos.

Que los dominicanos tengamos que distraer recursos de nuestro presupuesto para dotar a los haitianos de documentos de identidad, debe preocuparnos.

Que además de los problemas de delincuencia propios, tengamos que cuidarnos de las bandas de delincuentes haitianos que pudieran refugiarse en nuestro país y complicar aún más nuestra seguridad ciudadana, debe preocuparnos.

Que muchos ciudadanos haitianos paseen su ilegalidad por las calles, avenidas y carreteras del país sin que ninguna autoridad de migración le reclame nada ni le detenga, debe preocuparnos.

Que las grandes potencias del mundo estén obstinadas con la idea de que seamos los dominicanos los que resolvamos el problema de los haitianos y les garanticemos su estabilidad, debe preocuparnos. Que la mano de obra haitiana predomine en el trabajo de la construcción, en la agricultura y en otras actividades comerciales como el motoconcho, debe preocuparnos. Son muchos los motivos y las realidades relacionadas con este tema que deberían ocupar un espacio de mayor importancia en la agenda de los dominicanos y que deberían ser asumidos de manera colectiva por el país, para unificar una posición de rechazo absoluto a cualquier intención oculta que procure vernos como parte esencial de la solución a los problemas de nuestros vecinos.

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