La embestida de los rumiantes

Uno se pregunta con cierto rigor y espacio de reflexión ciudadana, hasta dónde va a llegar la irrupción desenfrenada en las redes, el atropello flagrante a la lengua, la distorsión de los vocablos, el expreso sentido de rumiar, las fantasmales figuras del glosario empobrecido, el desconocimiento de las reglas mínimas de ejercicio oral y escrito de la palabra, el envejecimiento prematuro de criaturas psicológicamente bicéfalas.

Echar en el cesto cuantas palabras acuden en tropel, vivificar la laguna grimosa del llanto perverso, epidérmico, instintivo, la procacidad del chillido, la pobreza infinita del léxico. Uno observa y palpa la embestida de los rumiantes, la escena ruinosa del vocabulario insuficiente.

El ignaro se comunica por señas, chillidos de la lengua sub utilizada, asedio global del antropoide universal en reversa de futuro, en rendición absoluta del verbo que dulcifica y sostiene el buen decir. Es la piara de los lobos descendiendo de las colinas de su ignorancia absoluta a cabalgar en los medios, a disminuir todo asomo de belleza nidal, creada por la humanidad en su largo trecho de recintos e instalaciones, hendeduras de luz en la palabra y el sonido de una metáfora.

Uno se pregunta por qué, por ejemplo, Bad Bunny traza coordenadas ruinosas de la palabra, ¿dónde adquirió licencia gramatical, elemental, sonora suficiente para abandonar la quebrada del árbol donde dormitaban sus instintos más ciegos? Es la confusión creada por un espacio de sombras y negrura, donde la cultura se simplifica. Un rumiante vale lo mismo que un maestro, un asqueroso repetidor de gestos impúdicos, teclea en un aparato que debió ser luz espacial de sonidos y ciencia, para mordisquear su pobre humanidad de esqueleto y secreciones hormonales.

Uno se pregunta por este alud de fieras, pintarrajeadas para la noche súcuba y sórdida de los escapularios, de los alucinógenos, esa mentira de piel y la mente socavadas tempranamente, donde una ausencia de luz empobrece toda vocación prístina de amor y sentido vital del ensueño y la memoria. Todo se pretende explicar por una asociación de fieras, cuya eternidad hiede a estupefacientes y agria carne de penal. Otros pretenden descubrir el mundo nuevamente para retornar al desorden primario de los sentidos, a la selva de los orígenes, ignorando la conjunción de los procesos evolutivos y la conciencia social, el espíritu solemne que irradió la luz que salva el alma y adecenta.

Uno se pregunta por este naufragio de civilizaciones, por este libertinaje que reanuda la barbarie del espíritu, por este sarcófago de almas primarias que balbucean alucinógenos y atropellan con rugidos y espasmos interinos de anómala felicidad, todo el sentido de vivir y crecer bajo auroras nuevas y limpias del cuerpo y el espíritu en transición, vocación de vida acorde con nuevos estados de conciencia. ¿Libertad de qué? Acceso a los micrófonos, a los enlace prostibularios de la corredera y sus ademanes de fieras en declive, que en nombre de la libertad acusan la mayor confusión jamás percibida, la docta ignorancia de los cuerpos y sus funciones primarias. No le temo a que me endilguen el mote de conservador, hace tiempo que mi alma, ese residuo sensible de luz cósmica y sentido de la decencia y los valores de la cultura en espiral, afianza el destino en mutación de mi vida plena.

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