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Asqueante

Aunque no se puede esperar nada que sirva de semejantes esperpentos, resultó indignante la acción llevada a cabo por el “artista” (válidas las comillas) de música urbana puertorriqueño Benito Martínez, alías Bad Bunny, contra una fanática que se le acercó durante su estadía en Casa de Campo, La Romana.

En un comportamiento propio de delincuentes, perversos o drogadictos, Martínez le arrebató el celular a la ilusionada jovencita que intentaba hacerse una foto o videoselfie con él, lanzándolo por los aires mientras siguió caminando sin inmutarse.

Una agresión por la que si la afectada quiere, pudiera, y ojalá lo haga, querellarse y demandar a este abusador que no solo se conforma con ser un promotor de los antivalores a través de lo que tanto él como otros de su calaña insisten en llamar arte, y que no es más que la excusa para promover suciezas, sino que irrespeta la hospitalidad que le brinda el país con este tipo de comportamientos.

Sin embargo, lo verdaderamente penoso es ver que personajes como Bad Bunny o su canchanchán Elvis Manuel Santos, alias Onguito Wa, preso actualmente en cárcel preventiva de Najayo bajo cargos criminales, tienen grandes fortunas, miles de seguidores y son referentes para una juventud a la que contaminan frente la mirada cómplice de la gente. Las figuras públicas, sean artistas, políticos, comunicadores, deportistas, influencers etc., deben saber que de alguna u otra manera son entes de referencia para quienes le siguen y que sus formas y sus maneras influyen en la vida cada uno de ellos. Solo que casos tan asqueantes como el acontecido desnudan la falta de valores y lo mal que estamos como sociedad.

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