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Puntos de vista miércoles, 25 de mayo de 2022

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El degüello de Moca

  • El degüello de Moca
Miguel Reyes Sánchez

Cuando Dessalines invadió la parte este de la isla en 1805, el cerco al que sometió la ciudad de Santo Domingo duró 21 días, pero no pudo apoderarse de la plaza.

 Las tropas de Dessalines y Christophe iniciaron la retirada hacia Haití en el más grande desorden, incendiaron todas las plantaciones y retomaron las rutas de Azua y de Santiago, quemando y arrasando el país. Activamente perseguidos por los criollos, españoles y franceses, los invasores derrotados perdieron cerca de cuatro mil hombres, sus equipajes, sus caballos y su artillería.

Tras su paso por los pueblos del interior iban dejando ese rastro sangriento: degolladas o raptadas las personas y saqueados e incendiados todos los poblados. La misma escena se repitió en Monte Plata, Cotuí y La Vega, pueblos que fueron reducidos a cenizas y sus pobladores decapitados o llevados cautivos. Pero las mayores atrocidades fueron cometidas en Moca y Santiago.

El 3 de abril en 1805, las tropas invasoras haitianas al mando de Christophe se hicieron presente en la Villa de Moca y dieron la imagen de que sólo iban de paso. Incluso éste conversó con el cura y le dio garantías de que se respetarían las vidas de todos los asistentes a un Tedeum de acción de gracias que se realizaría. Fray Pedro Geraldino ingenuamente se apuró en convencer a todos los pobladores de la villa, para que acudieran sin miedo al oficio religioso.  

Iniciado el Tedeum los soldados haitianos cerraron todas las puertas del templo para pasar por cuchillos, sables o bayonetas a todos los presentes. En vez de proclamado el indulto, fueron degollados todos; encontrando así “una muerte desastrosa”, según relata José Gabriel García en su Compendio de la historia de Santo Domingo.

 Sobre estos acontecimientos de Moca, es justo reconocer que existen historiadores como fray Cipriano de Utrera que cuestionan la veracidad del hecho, alegando el poco tiempo para llegar de Santo Domingo a Moca y la cantidad de degollados relativo a la cantidad de pobladores.

 Pero Fray Cipriano de Utrera no toma en cuenta que el degüello de Moca no fue un incidente aislado, sino un evento más dentro del conjunto de acciones sucesivas y similares que acontecieron en todo el trayecto de entrada y retirada de la invasión.

Y para más fundamento, es el mismo Dessalines, que se complace en relatar a su pueblo todas las destrucciones y cataclismos realizados por sus tropas en la parte este de la isla de Santo Domingo, en su alocución al llegar a Haití de fecha 12 de abril de 1805, en la que se perciben signos de gozo y alegría por el crimen, terror y saqueo realizado al expresar que lamentaba “no haber coronado con un completo y cabal buen éxito” su campaña, pero en compensación, “os queda, al menos, el consuelo de pensar que la ciudad de Santo Domingo es el único lugar que sobrevive a los desastres de la devastación que propagué a considerable distancia en la parte antes española...”.

Acudimos pues, al famoso axioma jurídico de que “a confección de partes, relevo de pruebas”.