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Puntos de vista sábado, 28 de noviembre de 2020

CONTANDO LOS HECHOS

Chivito jarto’ e’ jobo

  • Chivito jarto’ e’ jobo
ELLIS PÉREZ
@EllisPerezSr

En la cultura latinoamericana estamos acostumbrados a que los períodos electorales en nuestros países raramente ocurren en un ambiente libre de marrullas, malas prácticas o intención de perjudicar al partido contrincante, sea este de gobierno u oposición.  Naturalmente, las actividades fraudulentas mayormente son cometidas por los partidos que disfrutan del poder, porque ellos son los que administran y controlan los estamentos de administración y supervisión de la actividad electoral. De ahí la muy conocida frase “Me derrotó el Estado”.

Hemos tenido la oportunidad de ser testigos de los frecuentes reclamos que se producen en nuestros países, generalmente por los partidos de la oposición que se consideran objeto de estas prácticas abusivas.  Ocasionalmente, el partido en el poder es el reclamante como sucedió con Evo Morales en Bolivia, no hace mucho tiempo.

Tradicionalmente, hemos visto a Los Estados Unidos de América, como el ejemplo a seguir en cuanto a los procesos eleccionarios.  Teníamos la impresión de que la imposición de las normas y protocolos, así como el respeto a las leyes y la Constitución daban como resultado procesos diáfanos, en los que muy escasamente se escuchaban reclamos de fraudes de algunos de los contrincantes.  El sistema daba la impresión de ser infalible.

En estas elecciones del 3 de noviembre, todo parece haber cambiado.  Los reclamos del presidente Trump con el respaldo de su partido Republicano conforman un cuadro conspirativo fraudulento que incluye votaciones por personas fallecidas, conteo de votos falsos, ingresos de votos no existentes, confiscación de un servidor electrónico en Berlín, Alemania,  por las Fuerzas Armadas norteamericanas, el uso de un sistema electrónico general, diseñado originalmente por Hugo Chávez en Venezuela, con el objeto de distorsionar todas las elecciones para favorecer a Joe Biden y su partido Demócrata. Ante todo este alud de acusaciones y señalamientos, en este aspecto, la RD no sería más  que un chivito jarto ‘e ’ jobo ante lo que pasa en USA si estas acusaciones resultaren ciertas.

En el caso nuestro, resulta notorio que el delegado del partido Reformista ante la JCE señalara que todos los triunfos electorales del Dr. Joaquín Balaguer debían ser “entrecomillados” ya que ninguno fue legítimo según él.  Otro caso notorio  es que el segundo periodo del presidente Medina nunca fue reconocido por la oposición del PRM que reclamaba que era ilegítimo por la cantidad de irregularidades que se habían detectado.

Biden se juramenta el 20 de enero.


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