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Puntos de vista miércoles, 08 de abril de 2020

FUNDACIÓN SALESIANA DON BOSCO

Cinco pesos más

  • Cinco pesos más
Luis Rosario

Tengo una tía de memoria prodigiosa. Recita de “pe a pa” los Quince Minutos en Compañía de Jesús Sacramentado; recuerda oraciones, poesías, refranes de todos los tiempos. Lo único que  no recuerda es su edad.

Aunque no lo parezca, yo también tengo buena memoria y recuerdo cosas de hace tiempo. Bueeeno, tal vez no de hace tanto tiempo, pues yo nací hace poco; es más, olvidé  el año en que nací.

El 6 de diciembre de 1975, vaya Usted a calcular, recién ordenado sacerdote, mi párroco me pidió que celebrara una misa, porque había fallecido una persona, procedente de un campo, y la viuda había pedido tener con los familiares y amigos una celebración en su memoria.

La iglesia estaba repleta. Habían venido en carros, camiones, burros, bicicletas, patines y a pie. Al divisar a la viuda, a la que el dolor se le veía hasta en la ropa, totalmente vestida de negro, y la presencia de tanta gente participante, me animé y la fe en el Señor puso lo que faltaba.

Empezamos la misa, escuchamos las lecturas bíblicas y llegó el momento de la homilía, que es la explicación y el mensaje que el sacerdote pronuncia para la comprensión de la Palabra de Dios. Empecé la homilía y me boté, pues traía fresquecita la teología bíblica aprendida. Como colofón me referí al fallecido y toqué las fibras más íntimas de los concurrentes y sobre todo de la viuda, cuyos familiares me habían informado de las grandes virtudes que habían adornado a su esposo.

Mientras todavía hablaba y algunos lloraban de emoción, la viuda se levanta, sube las gradas del presbiterio, se me acerca y me secretea al oído: “Padre, cuando termine la misa, le voy a dar cinco pesos más”. Casi me desplomo, pero comprendí que le había llegado al tuétano de sus sentimientos.

Cuando alguien se desprende de algo, sobre todo dinero, es señal de que el mensaje le ha llegado al corazón, pues ha dado hasta que duela.

Estos momentos hay que aprovecharlos para ser solidarios con quienes sufren más que nosotros. Compartir los sufrimientos del Señor en Semana Santa es solidarizarnos con el prójimo que sufre y ponernos a su lado.