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ORLANDO DICE...

Que no haya semejanza

A José Francisco Peña Gómez le prepararon la cama en la reforma de 1994 con almohada de plumas para que durmiera plácidamente en el 1996.

Acercaron la valla, de manera que el estadio fuera más pequeño, y le dieron un bate que no tenía corcho, pero si de madera apropiada, y una pelota de costura viva.

La noche fue de pesadilla y no la sacó del parque como estaba previsto, y si bien se embasó en la primera vuelta, no pudo alcanzar la segunda.

No se dio cuenta de que la estrategia era un designio, se confundió en la manigua, y cuando vino a darse cuenta, una táctica sorpresiva, pero mancomunada, se lo llevó de paro.

Se teme que a Luis Abinader pueda ocurrirle algo parecido.

Le arreglan la cama, como si fuera cuna, con travesaños para que no se caiga; y lo ponen a jugar en un campo de softball, siendo Grandes Ligas; y sin embargo, su corrido de bases deja que desear.

El decir de las encuestas parece llenarlo, casi rebosarlo de complacencia y satisfacción, y olvida el mantra predicado y escrito de uno de sus asesores: Las encuestas no ganan elecciones.

La marcha-caravana del pasado domingo pudo haber sido su consagración, o por lo menos en la capital. La primera gran actividad de campaña era para sacar más millas, y de ser posible, establecer record.

El resultado, sin embargo, no fue el mejor.

A posteriori Gonzalo Castillo y el PLD ganaron la partida. No solo se comieron los caramelos, sino que a manera de burla le dejaron la envoltura. La sobre portada de los periódicos o la narración en los programas del lunes fueron registros maestros, como si el fin de semana hubiera sido del PLD y no de jornadas compartidas con el PRM.

Alegará que el candidato oficialista dispone de más recursos, incluso del Estado; pero la otra verdad, o que importa más, es que la movilización del gobierno fue mejor manejada mediáticamente hablando.

Y en las campañas los artificios valen, y mucho.

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