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Puntos de vista sábado, 02 de noviembre de 2019

EN PLURAL

Una honra, un compromiso

  • Una honra, un compromiso
Yvelisse Prats Ramírez De Pérez
yveprats@gmail.com

La existencia honrosa transciende como un péndulo: se mueve hacia delante, particularmente en los años jóvenes, luego empieza a retroceder cuando se acumulan los años, las penas y las canas.

En el pendular de mi vida, tuve el domingo pasado un cambio inusitado. Un gozo grande, una honra que me llenó de orgullo, y un reto para que me olvide de mi edad y siga luchando.

El hecho que impulsó ese reconocimiento gozoso me transmitió fuerza y entusiasmo, fue mi proclamación como Madre y Maestra de la Masonería dominicana, en el acto solemne que culminó la semana de celebraciones con motivo del 161 aniversario de la fundación de la Masonería en República Dominicana.

Me asombré al recibir del Muy Respetable Gran Maestro Ramón Osiris Blanco Domínguez, el hermosísimo marco, que contiene una especie de “collage”, el Decreto No. 024-2019 que me concede el honor, mi retrato, y consideraciones pertinentes.

Soy, lo he dicho muchas veces, y el Decreto así lo cita, hija de masón, esposa de masón, madre de masón y suegra de masón: esa cercanía afectiva me liga a la Masonería.

Hay otra razón, una coincidencia conceptual profunda, entre los masones y yo: ellos postulan VALORES, y los practican. La solidaridad, la fraternidad, la ética, la igualdad, son normas que siguen en la membresía de las logias, valores opuestos al Neoliberalismo que pregona: individualismo crudo y duro.

Mi visión del mundo y de la vida, la ideología que prima en mi vida ciudadana y política es similar al ideal que en la Masonería se muestra al tener en su membresía  héroes, libertadores, ciudadanos excepcionales en todo el mundo.

Evoco a papá, enorgullecido de ser masón, como lo fue Duarte, Luperón, José Reyes, Emilio Prud’Homme; miro a mi esposo, Mario Emilio, quien completó la lista con nombres magníficos, Lincoln, Bolívar, San Martín, José Martí, y agregó otros, Beethoven, Mozart, cuyas melodías embellecen la cultura. ¡Cuánto de común tengo con esta Institución que me honra, cómo me siento cercana a sus principios!

Creo que la criatura humana es un ser social que nace inacabado, y por eso tiene que buscar apoyo en los demás para completarse y completar al otro; el egoísmo brutal que hace del “yo” su centro, da pasos en las logias a un “nosotros” fraterno: no en vano se dicen “hermanos” los masones.

En las logias se cree en el Amor, que se inicia por el que nos profesa Dios, el Gran Arquitecto del Universo, como lo llaman los masones, bellamente.

Porque pienso y sintiendo así sobre la Masonería, es lógico que esta designación como Madre y Maestra de ellos, me llena de emociones, una gran honra, un exigente compromiso.

En los años que me quedan, antes que el péndulo detenga su ritmo en la tierra, trataré de merecer esta honra, amando más a la Masonería, como la amó mi papá, como la ama mi esposo, e inspirada de su sabiduría milenaria y de sus principios hermosos y éticos, trataré de enseñarles lo que sé poco o mucho. Masones dominicanos, hijos y alumnos míos gracias del alma y acepto el reto.