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Puntos de vista sábado, 15 de junio de 2019

EN PLURAL

La 33-19; varias lecturas

  • La 33-19; varias lecturas
Yvelisse Prats Ramírez De Pérez
yveprats@gmail.com

No puedo oponerme a la igualdad de género, mucho he luchado a favor de ella, ahí están mis artículos, mis conferencias, mis declaraciones a la prensa.

Abjurar de esa causa, sería negar mi condición de mujer, mis estudios, mi experiencia como parte de una cultura patriarcal que, viniendo desde las cavernas, preside aun las prácticas sociales.

Apostar por la igualdad de género es parte de mi toma de posición ante el mundo, la vida, mis prójimos, y ante mí misma. Postulo un socialismo democrático sin dogmatismo, que reclama sociedades inclusivas, solidarias, justas, donde la ciudadanía goce de una absoluta igualdad de oportunidades, sin excluir a las mujeres. Para sustentar en mis convicciones, varios documentos y declaraciones trascendentes sirven de pilares: la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en 1948; la Constitución de la República Dominicana; la Plataforma de Acción de Beijing en 1995; todos los acuerdos internacionales signados por nuestro país, incumplidos por cierto en su mayoría; la Estrategia Nacional de Desarrollo hasta el 2030, Ley 1-12; Ley 66-97 de Educación, y el Pacto Educativo del 2014, del cual soy firmante, junto a representantes de los diversos sectores sociales dominicanos, empresariales, sindicales, académicos y religiosos. Para lograr ese anhelo de justicia y de igualdad la educación es un instrumento indispensable. Por eso, los sucesivos ministerios de Educación, y las universidades en su mayoría, han hecho, desde hace años, esfuerzos que se concretan en proyectos, programas, y legislaciones que desde el ángulo académico proyecten esa mágica luz que es el conocimiento para desterrar a falsos estereotipos de “dueños” y “esclavas”, logren ¡por fin! abonar las conciencias y hacer crecer en las jóvenes generaciones, esa flor de paz, de respeto, de unión, de compañerismo, que es la igualdad de género, o sea, que hombres y mujeres, seamos, en la tierra, lo que somos ante Dios: Iguales.

Si revisamos los archivos del Ministerio de Educación, encontraremos documentos que expresan esa intención, que no es otra que cumplir y aplicar la Ley Sustantiva en su artículo 39.

Por decidía, por falta de los técnicos especializados, sobre todo por ese machismo que aun prima, aunque mas disimulado, eso no se ha logrado.

Hace unos días, como una “reprise”, se publicó la Ordenanza 33-2019, una política de igualdad de género en el sector educativo.

Alrededor de la información, se ha desatado un remolino de opiniones y de críticas muy severas. ¡Algunas de las interpretaciones erróneas han alarmado a muchos ciudadanos que aspiran a una educación sana para todos nuestros estudiantes! Se deben aclarar confusiones, y que se entienda que la igualdad de género en esta Ordenanza, no se refiere a la “agenda paralela” de la que se habla en este posmodernismo atropellante.

La forma escueta en que está redactada la Ordenanza, y el hecho de que no haya sido aprobada ni explicada por el Consejo Nacional de Educación, ha dado lugar a diversas lecturas con interpretaciones diferentes. Incluso hay quienes la asumen como un distractor del fracaso de la “Revolución Educativa”.

Por esta vez quiero ser lectora ingenua; creer que la igualdad de género, se cumplirá en el sector educativo dominicano. ¡La merecemos!