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Puntos de vista viernes, 19 de abril de 2019

EL CORRER DE LOS DÍAS

De indios con historia literaria

Marcio Veloz Maggiolo

James Feminore Cooper, considerado el padre de la novela del Oeste Norteamericano, comenzó a hacer conocido su fabulario indígena en al primer cuarto del siglo XIX. Publicó treinta y dos textos con el tema de los impetuosos buscadores de oro, y las aventuras de los cazadores de búfalos, dedicados a suplir de carne a los pioneros y trabajadores del ferrocarril que, desde el comienzo del siglo XIX, iniciaran la transformación del territorio norteamericano, poblado de tribus indígenas, las cuáles fueron mermadas, exterminadas y/ o colocadas en las llamadas “reservas” como una manera de aislarlas, una vez que fueran ocupadas sus tierras y deshecha la organización tribal, con el apresamiento de sus líderes y el exterminio de muchos pueblos.

En el año de 1823 una primera novela titulada “Los Pioneros”, daba cuenta de la visión típicamente exterminadora que el novelista defendía patrocinando la posición y la posesión de la tierra de los llamados “pieles rojas”, por los grupos que consideraban al indio, como un estorbo para el pujante y expansivo nuevo modelo de  capitalismo.

Cooper, quien había sido militar, alcanza la fama con su novela “El Último de los Mohicanos”, publicada en 1826. Las novelas de Cooper tuvieron gran notoriedad en los Estados Unidos y fueron reconocidas en Europa, mientras que por su permanencia y éxito alcanzaron muy luego, el cine. De estas novelas, entre las que su encuentra “El Último de los Mohicanos” se filmaron varias versiones.

Feminore Cooper era neoyorquino, nacido en Cooperstown. Con su libro “Los Pioneros”, el autor estableció para este modo narrativo, las bases de la novela secuencial con temática del Oeste, es decir, luego de este relato desarrolló cuatro más, que fueron una especie de la novela en serie de estas características.

Pero tras el éxito de Cooper, la novela del Oeste, muy principalmente aquella que tenía como argumentación el enfrentamiento con las sociedades aborígenes, corrió pareja con héroes que fueron en realidad, personajes reales, cuyas biografías eran importantes por las características de la realidad que representaban.

El mito de los vaqueros y sheriff del Oeste, tenía o tuvo como base, a personajes cuyas vidas estaban ligadas, en principio, al oficio de “tramperos” y cazadores con rifles, preparados para matar búfalos, desjarretarlos y vender su carne a los trabajadores del ferrocarril. Como dato interesante, se señala que William Cody, mejor conocido como Búfalo Bill, durante sus años de cazador pudo cobrar más de diez mil animales, de allí su apodo. La cacería del búfalo para supervivencia de los pioneros, fue uno de los elementos claves en la casi desaparición de este animal, que, justicieramente llegó a insertar su imagen en una de las monedas de curso legal de los Estados Unidos de América.

Cody, luego de haber terminado su quehacer en la trampa y en la cacería, se dedicó al espectáculo, alcanzando gran fama, especialmente cuando trabajó junto al jefe indio Toro Sentado, quien en algún momento hizo las paces con el Gobierno Norteamericano. Toro Sentado era de la tribu Sioux, de Canadá, donde fue convertido al catolicismo por el sacerdote jesuita Pierre Jean de Smet, quien había nacido en Bélgica. Toro Sentado había sido un feroz combatiente, quien había vencido antes, a las tropas del General Custer en 1876, refugiándose luego en Canadá, y retornando a Estados Unidos en 1881.

El nombre de Toro Sentado era Tatanka Iotanka, murió confusamente en 1890, mientras que su compañero de espectáculos, Búffalo Bill, verdadero defensor de las causas indias, murió en 1917.