EL BULEVAR DE LA VIDA

Leonel y Danilo: La antorcha y el retiro

La antorcha. Leonel Fernández está equivocado: la antorcha sí se arrebata. Es más, la antorcha debe arrebatarse, profesor. El asunto está en que el aspirante “al arrebato” debe tener el apoyo popular necesario para ello. Y ahí está el detalle. En la política no se gana por cansancio sino por “militancio”, o sea, por apoyo militante de los votantes. Y es que después de la edad de una mujer coqueta o el desempeño sexual de cada quien, esto de que “los políticos se retiran” es una de las grandes mentiras de la humanidad. A Bosch lo venció su enfermedad, a Balaguer y a Peña Gómez la muerte, a Fraga la transición. A otros, hagan memoria, los vencieron sus errores y ambiciones desmesuradas, ese intentar matarse para ser ellos y no otro el muerto en la funeraria. El fuego fatuo contra Leonel. En España, Felipe González no se retiró sino que fue retirado por el lógico desgaste que provoca el ejercicio del poder, pero también y sobre todo por una campaña de conspiración mediática en la que participó la crema del periodismo conservador de la España de 1993, que entonces encabezaba el director del diario ABC, José María Ansón quien, cinco años después, en 1998, en una entrevista para la revista Tiempo, la admitiría y defendería las razones de su diseño y puesta en ejecución. Algo similar se hizo aquí contra Leonel Fernández, en torno a la candidatura de Hipólito Mejía y con el apoyo de destacados periodistas, abogados e intelectuales, bajo el amparo de poderosos grupos económicos en grave ataque de celos empresariales por los nuevos grupos del capital creados o relanzados durante los gobiernos de Fernández. Solo que Fernández, astuto y mesurado, frío y calculador, haciendo gala de su “flema villajuanesca” no complació a sus adversarios, y una vez más, (como en 1999, aún con el apoyo del Dr. Balaguer), revisó su check list, vio que era negativo el escenario, y resistió la tentación de repostularse, justo y la misma tentación que no resistió el beneficiario de esa campaña, don Hipólito Mejía en 2004. Hoy, confirmando nuestros pronósticos, las encuestas demuestran que el profesor Fernández ha sobrevivido al “fuego fatuo” político/mediático que con astucia maquiavélica y estrategias a lo Fouché, ha mezclado sus errores (ñese no confrontar, las malas compañías, y esa vocación para la impunidad que mostraron sus sus gobiernosñ) con la maledicencia y la difamación, el resentimiento y la envidia. Como en el amor. Justo y como en al amor, donde no basta ganar batallas sino que se debe “ocupar la plaza”, en la política también se debe “ocupar la plaza” del apoyo electoral para poder lograr arrebatar la antorcha al líder. Es el apoyo que genera entre los votantes, lo que determina la continuidad o el fin de un liderazgo. El acuerdo. Por todo esto, es normal que Leonel y Danilo, que comparten la antorcha peledeísta del liderazgo partidario, a pesar de sus diferencias políticas, de estilos y visiones, estén haciendo hoy lo que hicieron en 2011, o sea, ponerse de acuerdo para mantener ese liderazgo, llevando la fiesta en paz y la antorcha juntos, y el que venga atrás que arree. Ambos, uno con su carita de “yonofui”, su carisma, sus conceptualizaciones y sus pragmáticas estrategias; y el otro, con su humildad para con los pobres, su liderazgo gerencial y efectivo, su brincar charcos para oír a los que no tienen voz, ambos, ya digo, son los preferidos del voto nacional, voz del pueblo es voz de Dios y lo demás es tiranía. Por esto, si Reinaldo, Temo, Francisco Domínguez, Radhamés o Javier G. quieren la antorcha, deben saber que sólo un arrebato de votos y apoyo popular puede otorgársela. Para lograr la espuma de la candidatura y el liderazgo partidario al que aspiran, los muy señores deben detenerse a mear, como en el campo. A solas con sí mismo. Leonel y Danilo intentarán mantener su liderazgo en el PLD (la antorcha) hasta que las condiciones se lo permitan y los votantes lo deseen; cuando eso no sea así, se reunirán en FUNGLODE o en una finca de San Juan de la Maguana, al lado de la dacha de Dany Alcántara, a escuchar en paz la “Parábola de uno mismo”, de Alberto Cortez, en un CD que con mucho gusto les regalaré, para ayudarles a aceptar resignados las leyes de la existencia humana, ese entender que en el otoño de nuestras vidas, uno es apenas “una isla desierta, un médano en el mar, un espejismo, empieza por abrir todas las puertas y termina a solas con sí mismo.”

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