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PIENSO Y ESCRIBO

Ceder o la razón

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Iranna Flaviá LucianoSanto Domingo

Vivimos en una época donde las personas se caracterizan por querer tener la supremacía en todo. Este comportamiento sale a flote cuando se está en presencia de más personas, y depende del espacio y del momento en que se encuentren. Hace poco fui testigo de una acalorada conversación entre dos choferes de vehículos que se disputaban un turno en la fila para parquearse. Uno aceleraba, mientras el otro al mismo tiempo luchaba por colocarse delante argumentando su razón. Segundos después, un chofer que estaba delante en la fila intervino y dijo: No hay problemas, yo le cedo mi turno a cualquiera de los dos. Éste argumentaba molesto: Que el gran problema del dominicano es que no cede, y alguien tiene que ceder. Varios análisis surgen al presenciar este escenario, el primero que llega a la mente es ubicar el rol que desempeño el ego en ambos actores. Se dice que por algún motivo nuestra personalidad viene al mundo equipada con ego, que el peligroso cuando se revela es el alter ego. Que el alter ego entra en juego en momentos en que se desequilibra la inteligencia emocional, siendo en muchos casos el desencadenante de los impulsos emotivos. Otro detonante de los tiempos modernos es el querer llegar a los lugares sin contar con el tiempo suficiente, para esto los conductores se impulsan a toda máquina sin importar que se llevan de encuentro. Pero, suelo preguntarme ¿De qué nos sirve llevar una vida tan agitada en tiempos tan agitados? ¿De qué nos vale ser los primeros si nunca sabremos si seremos los últimos? El manejo que se asuma ante la situación siempre diferenciará a una persona de otra. Salir favorecidos o perjudicados ante una circunstancia siempre dependerá de cada cual. Ceder no va a convertir ni en mejor ni en peor persona; sí en más humano. Al final la persona que cede, siempre tendrá: La razón.

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