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Las Sociales lunes, 10 de mayo de 2021

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Una oración para el niño Llenas Aybar

  • Una oración para el niño Llenas Aybar
Celeste Pérez
celeste.perez@listindiario.com

La joven periodista Ashley Ann Presinal, de Listín Diario, quizá no había nacido aquel triste 4 de mayo de 1996, día en que la sociedad dominicana fue testigo de una de las más horrendas escenas registrada por la historia: El cuerpo sin vida de un niño de 12 años fue encontrado en un arroyo, amordazado y brutalmente apuñadado. Era José Rafael Llenas Aybar.

Con magistral sencillez Ashley logró plasmar en las páginas del ‘decano de la prensa nacional’ una investigación que recogió las referencias más importantes del espeluznante suceso, que, en su momento, intranquilizó a todos los dominicanos.

La lectura de este trabajo trajo a mi memoria los recuerdos de ese día, y sentí un nudo en el estómago. La misma sensación de aquella época. Mi hijo mayor tenía poco más de un año, y con él en los brazos vi, a través de la televisión, las horribles escenas también presenciadas por la madre de la víctima luego de una intensa y desesperada búsqueda en la que cobijaba la esperanza de volver abrazarlo. La noticia fue devastadora para ella, para su familia y para todos los que nos sentimos identificados con el caso.

La fría confesión

Con indignación, pena, dolor, rabia e impotencia, escuché al día siguiente las frías declaraciones de Mario Redondo y Juan Moliné. ¡Y si, los odié mil veces! Como madre, como mujer, como dominicana y como ser humano. Y los odié mucho más al saber la forma despiadada en que planificaron robarle la vida a la inocente criatura, y luego, fingiendo preocupación, Mario se unió a la familia tratando, supuestamente de encontrarlo.

El juicio acaparó la atención de miles de personas. Cada detalle superaba el otro en crueldad. Era insólito todo que le habían hecho a ese niño que se convirtió en el niño de miles de hogares dominicanos.

La sociedad clamaba justicia. Recuerdo que, aunque no tenía familiaridad con el menor, hasta que se conoció la sentencia, junto a un grupo de compañeras de trabajo llevé un lazo negro en mi blusa. Era lo único que podía hacer para expresar mi indignación y tristeza.

Un nubarrón de mentiras

Las razones claras y exactas que motivaron el acto nunca fueron compartidas públicamente, tampoco se dio a conocer la verdad sobre la cantidad de personas involucradas. Una tela de araña envolvió el hecho y poco a poco fue perdiendo protagonismo.

Las presentaciones eran episodios rebosados de dolor. Cada vez que las cámaras de la televisión enfocaban el rostro de la madre de José Rafael la tristeza inundaba mi cuerpo, lo mismo al ver las madres de los jóvenes acusados. ¡Caramba, como duelen los errores de los hijos! Y qué no haría una madre para remediarlos, pero parte de dejar que crezcan, se superen y aprendan, es permitir que enfrenten las consecuencias de sus actos. ¡Duele… pero es así!

Sin juzgar

Es difícil no juzgar cuando tienes de frente tantas razones para hacerlo. Han pasado 25 años y todavía me pregunto qué puede pasar por la mente de un niño de 12 años que ve los ojos de quien era como su hermano dispuesto a hacerle daño. Pero también, qué demonios puede tener en la cabeza un joven para cometer un acto tan despiadado.

Para un padre no debe haber dolor más intenso que perder un hijo, pero tenerlo en la cárcel por haber tronchado la vida del hijo de alguien, también debe ser escalofriante.

Solo Dios puede saber lo que necesitan esos corazones para sanar, para perdonar. Tres familias a las que, incuestionablemente, por desgracia les cambió la vida.

Hoy solo puedo elevar una oración para José Rafael Llenas Aybar, y también, por qué no, para los jóvenes involucrados en su asesinato y todas las familias afectadas. De seguro que Dios se encargará de hacer el resto.

¡Hasta el lunes!