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El color del carnaval llega a Haití a pesar de la crisis y la violencia

La alegría del carnaval contrasta con la violencia de las bandas armadas que controlan gran parte de la capital.

Carnaval en Río de Janeiro.

Carnaval. Imagen de archivo Mauro Pimentel/ AFP

Las máscaras y los disfraces se abrieron este lunes paso en medio de la crisis y la extrema violencia en Haití, con un desfile que llenó Puerto Príncipe de color y alegría.

Pese a la crítica situación que atraviesa Haití, muchas personas salieron a las calles e intentaron olvidar por unas horas lo que se vive día a día y disfrutar con una caravana repleta de baile y música.

Aunque tímidamente y sin previo aviso el carnaval comenzó el domingo, fue hoy cuando se vivió el desfile característico de estas fiestas.

Como dijo ayer a EFE el alcalde interino de Puerto Príncipe, Lucsonne Janvier, quien animó a la población a unirse a las actividades, "estamos aquí para seguir manteniendo la antorcha en alto sea cual sea la situación (...) Con el tiempo, creemos que podremos salir de la crisis en la que estamos".

"Todavía estamos intentando ver si queda algo de vida", añadió.

Pero la alegría del carnaval contrasta con la violencia de las bandas armadas que controlan gran parte de la capital y siembran el terror cada día con matanzas, secuestros, violaciones y ataques.

Una situación que se espera mejore con el despliegue aún no materializado de la misión multinacional de apoyo a la seguridad que encabezará Kenia.

La semana pasada, Naciones Unidas aseguró que la violencia creció en enero en Haití a niveles no vistos en más de dos años, un mes en el que al menos 806 personas que no estaban involucradas en los enfrentamientos entre pandillas fueron asesinadas, heridas o secuestradas.

Además, unos 300 miembros de bandas resultaron heridos, con lo que el número total de personas afectadas superó las 1.100, más del triple que en enero del año pasado.

Esta situación de violencia ha llevado a que más de 300,000 personas se hayan convertido en desplazadas en Haití, tras abandonar sus hogares y refugiarse en un abanico de lugares en los que viven en condiciones infrahumanas.

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