Educación sexual
Usan peluches para educar sobre los abusos sexuales
Lucie Langlais Vignon es la actriz de 41 años que da voz a los personajes de esta obra de unos treinta minutos titulada "Pas touche minouche", con la que intenta enseñar a los niños la noción del consentimiento.
Imagen ilustrativa.
Sentados en bancos y en esterillas, unos cuarenta niños de preescolar en París observan atentamente la osita de peluche que regaña a un patito que acaba de levantarle la falda con su ala.
"No se toca, conejito. Son mis partes íntimas", canta la osita al patito, y a los niños de tres a cinco años en este centro de ocio durante las vacaciones escolares de Pascua.
Lucie Langlais Vignon es la actriz de 41 años que da voz a los personajes de esta obra de unos treinta minutos titulada "Pas touche minouche", con la que intenta enseñar a los niños la noción del consentimiento.
Cuando termina, varios tararean su pegadizo estribillo, mientras se ponen de nuevo los abrigos.
La organización de este espectáculo no es baladí. La preocupación invade a los padres y madres en París, donde aumentan las denuncias de abusos sexuales durante las actividades extraescolares en varios colegios.
En la capital, 31 monitores, que se encargan de los niños cuando no están en clase, fueron suspendidos desde principios de 2026 por sospechas de violencia sexual.
Lucie Langlais Vignon, madre de una niña de siete años y de uno de cuatro, afirma que puede tener parte de la solución, ya que "un niño que conoce sus derechos es menos vulnerable".
"Saber es poder", asegura la actriz, a quien la educación de su madre sobre el consentimiento la ayudó a evitar a un adulto que intentó acosarla cuando era niña.
El "superpoder de decir no"
Según una comisión independiente llamada Civiise, unos 160.000 niños son víctimas de violaciones o agresiones sexuales cada año en Francia, en su inmensa mayoría por hombres.
En ocho de cada diez casos, el agresor es un familiar, pero también hay casos en que es alguien de un entorno institucional como la Iglesia o la escuela.
En su espectáculo, Langlais Vignon relata tres situaciones de este tipo en las que su osita, su leoncito y su conejita de peluche despliegan lo que ella llama el "superpoder de decir no".
Después, pide a su joven público que le repita las historias. ¿Puede el tío del cachorro de león pedirle que guarde un secreto que lo hace sentir triste? "¡No!", gritan los niños al unísono.
¿A qué adulto de confianza se le puede pedir ayuda? "Mamá", balbucea un niño. "Papá", "la abuela", "mi tía", responden otros. Incluso un niño propone a su perro.
El nuevo alcalde de París, Emmanuel Grégoire, prometió erradicar este tipo de violencias, que él mismo sufrió de pequeño durante una actividad de natación extraescolar.
El regidor socialista anunció un plan de 20 millones de euros (23,4 millones de dólares) para agilizar las denuncias, reforzar los controles y mejorar la formación de los monitores, que piden más efectivos y un mayor salario.
"El mensaje cala"
Saliendo apresuradamente de la función hacia otra reunión, el nuevo alcalde del distrito XI de París, el ecologista David Belliard, quedó impresionado.
"Siempre hay algunas risitas cuando se habla de la cosita, del culo o de las partes íntimas, pero el mensaje cala", dice el regidor, tras varios casos de presuntos abusos en su distrito.
"Ayer mismo tenía a padres en mi despacho hablándome del espectáculo y diciéndome que era muy positivo", agrega.
Aunque la legislación francesa exige desde 2001 que las escuelas impartan sesiones de educación sobre el consentimiento, el tema no se plasmó en un programa de educación sexual hasta 2025.
El año pasado, la justicia condenó al Estado por su tardanza en aplicar la ley, a la que se oponen sectores conservadores.
Langlais Vignon espera que más escuelas públicas la contraten para actuar durante el curso escolar, cuando están presentes todos los niños. Pero ya ha logrado algunas victorias.
El año pasado, una amiga le envió un mensaje tras llevar a su hijo de tres años a una nueva médica.
Sin pedir permiso, "la doctora miró dentro de su ropa interior para ver si tenía manchas en sus partes íntimas", escribió Audrey Guerrouani, de 46 años.
Él se puso a cantar inmediatamente: "No se toca, conejito. Son mis partes íntimas", recuerda, con "orgullo", su madre.

