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Las Mundiales domingo, 16 de enero de 2022

Una “ciudad fantasma” en Bélgica sueño con el retorno de sus mejores días

Un lugar que se ha estado vaciando constantemente desde finales de la década de 1970

  • Una “ciudad fantasma” en Bélgica sueño con el retorno de sus mejores días

    Ciudad Doel. / CGNT

AFP
Bélgica

Con sus calles desiertas y sus muros derruidos y cubiertos de grafitis, Doel tiene la firme reputación de ser el pueblo fantasma más conocido de Bélgica, pero sus pocos habitantes -actualmente 21- ahora ven un rayo de esperanza de que su aldea se recupere.

Tal caso sería un cambio notable de fortuna para un lugar que se ha estado vaciando constantemente desde finales de la década de 1970, cuando su población era 60 veces mayor.

Atrapado entre el puerto de Amberes (el segundo mayor de Europa) y una planta de energía nuclear, Doel se ha convertido en una morbosa atracción para turistas curiosos y "exploradores urbanos", que se filman deambulando por el interior de edificios en ruinas.

La policía patrulla regularmente para evitar que los vándalos y los ocupantes ilegales entren a esos edificios.

Solo dos cafés -uno de ellos junto a un molino de viento del siglo XVII- y una iglesia recuerdan a los visitantes que el pueblo aún se resiste al olvido.

"Hay muchas actividades. Pero si vienes aquí un domingo, o especialmente por la noche, por supuesto verás las casas vacías y eso es lo que más irrita a la gente", dijo a la AFP Liese Stuer, una residente de Doel.

"Creo que es importante que las personas sepan que no es un pueblo fantasma, que sepan que todavía hay gente tratando de vivir aquí y tratando de establecer una vida", reclamó.

- Memorias de una ciudad elegante -

Stuer, una profesora de dialecto flamenco para extranjeros y artista gráfica independiente, de 37 años, se mudó a Doel hace cinco años cuando se asoció con una persona local, pero solía visitar Doel de niña con sus abuelos, que vivían cerca, y la recordaba como una ciudad elegante.

Pero el destino de Doel se derrumbó a fines de la década de 1990 cuando las autoridades belgas decidieron expropiar y demoler las aldeas alrededor del puerto de Amberes para construir un nuevo muelle de contenedores.

Mientras la mayoría de los habitantes se marchó a otro lugar, un núcleo duro se quedó y dio pelea en los tribunales, a través de una feroz acción de cabildeo y promoviendo el arte callejero para dar color a las casas vacías.

Dada la importancia del puerto para la economía de Bélgica, parecía una campaña condenada al fracaso. El gobierno regional flamenco prohibió que la gente se mudara allí y el vandalismo hizo que el lugar fuera cada vez más inseguro para la población.

Sin embargo, en 2016 el Tribunal Supremo de Bélgica desestimó el plan de expansión, después de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminara que amenazaba los alrededores de las marismas de Doel y el equilibrio ecológico del río Escalda, que lo bordea.

La naturaleza y la solidaridad que une a los residentes de Doel hicieron que Stuer decidiera quedarse.

"Es muy agradable vivir aquí. Es el lugar en el que quiero que crezca mi hijo, por la gente y el entorno, que encuentro muy cálido y acogedor", apuntó.

"Para mí, no se siente como si estuviera aislado. Para nada. Es un pueblo muy conectado", dijo.

- Futuro indefinido -

Pero todavía no está claro qué le espera exactamente a Doel.

Hay conversaciones en curso entre las autoridades y los residentes. En diciembre, los funcionarios municipales esbozaron un plan para permitir lentamente la entrada de nuevos habitantes y renovar un viejo barco varado, mientras se construía un muelle hasta el perímetro de Doel.

El gobierno flamenco, que ahora es el propietario de todas menos una de las casas en Doel, se resiste a ver que la ciudad regrese a una población cercana a los 1.300 habitantes que tenía en la década de 1970.

"Sabemos que el pueblo no va a desaparecer. De hecho, tiene la imagen de un pueblo fantasma, pero no es así como debería ser", dijo a AFP el ministro flamenco de Hacienda, Patrimonio y Vivienda, Matthias Diependaele.

Pero "tenemos que ver qué podemos hacer con él hoy (...) el punto más difícil es el hecho de que sabemos con certeza que justo al lado habrá 24 horas al día, 7 días a la semana, actividad portuaria", manifestó.