ecoturismo
Estero Hondo, una lección de turismo sostenible en la costa norte
El corazón del área lo constituye el canal natural “caño de Estero Hondo”. Con 10 kilómetros de largo y 2 de ancho, es una vía acuática serena donde confluyen el agua dulce y salada, creando condiciones ideales para la biodiversidad
El santuario abarca unos 48.36 kilómetros cuadrados de área terrestre y marina.
En la costa norte de la República Dominicana, entre aguas tranquilas y una vegetación que respira vida, se encuentra el Santuario de Mamíferos Marinos de Estero Hondo, una de las joyas naturales menos conocidas de la provincia de Puerto Plata, con acceso también desde Monte Cristi.
Alejado del turismo masivo, este espacio protegido ofrece una experiencia auténtica para quienes buscan un contacto directo y respetuoso con la naturaleza.
A la llegada, el recibimiento estuvo a cargo del guardaparques Freddy Fermín, cuya cordialidad y disposición reflejan el compromiso diario de quienes resguardan esta área protegida. Su labor va más allá de la vigilancia, implica educación ambiental y gestión de un espacio que sobrevive con recursos limitados.
Es un paraje marino hermoso, su entorno vegetal es principalmente de manglar, acampar en el santuario implica convivir con mosquitos, un detalle que lejos de ser negativo es indicativo de un ecosistema sano.
El manatí antillano o manatí del Caribe (Trichechus manatus) es la especie símbolo del santuario.
La zona está dominada principalmente por mangle rojo, acompañado de mangle negro, blanco y botoncillo, especies fundamentales para la protección de la costa. Estos manglares actúan como barreras naturales contra la erosión, filtran contaminantes, capturan carbono y sirven de refugio y zona de reproducción para innumerables especies marinas. Sin ellos, la vida en el santuario sería insostenible.
UN CANAL ESPECIAL
El santuario abarca unos 48.36 kilómetros cuadrados de área terrestre y marina, creados con el objetivo de proteger la vida marina y el ecosistema costero circundante.
El corazón del área lo constituye un canal natural, el “caño de Estero Hondo”, con 10 kilómetros de largo y 2 kilómetros de ancho, una vía acuática serena donde confluyen el agua dulce y salada, creando condiciones ideales para la biodiversidad. En este canal habitan peces juveniles, crustáceos, tortugas y aves costeras. Es también uno de los espacios preferidos del manatí, especie símbolo del santuario.
La actividad central es tener la oportunidad de conocerlos en su hábitat natural y de forma respetuosa, desde una plataforma construida para esos fines. Nosotros logramos ver unos cinco (5), jugando y relajados en las aguas color turquesa del caño. Actualmente, se mantiene un censo aproximado de 16 manatíes en la zona, tres (3) de ellos foto identificados por la Fundación Dominicana de Estudios Marinos (Fundemar), quienes comentan que el santuario es una oportunidad importante para la evaluación médica de manatíes silvestres. Esta organización es un pilar clave en República Dominicana para el estudio y conservación del manatí.
Nos fuimos de camping a Estero Hondo. Allí pudimos apreciar de primera mano el equilibrio delicado del ecosistema costero.
TURISMO SOSTENIBLE
En esta ocasión nos fuimos de camping, donde pudimos apreciar de primera mano el equilibrio delicado del ecosistema costero. La entrada al santuario tiene un costo de 250 pesos por persona, un monto accesible que contribuye al mantenimiento básico del área y la autorización se solicita por correo al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales en ventanilla.unica@ambiente.gob.do.
No obstante, es importante que los visitantes sean conscientes de que deben llevar todo lo necesario para su estancia, incluyendo agua potable. El acceso a agua dulce es limitado y los guardaparques deben adquirirla mediante camiones cisterna, por lo que se recomienda llevar un aporte adicional como gesto solidario hacia quienes cuidan este espacio. Si solo van por un día, no es necesario notificar al ministerio, es suficiente con llegar y pagar el aporte de entrada.
Visitar Estero Hondo es una invitación a practicar un turismo sostenible, donde el respeto por la naturaleza y la conciencia ambiental son tan importantes como la experiencia misma. En tiempos donde muchos ecosistemas costeros enfrentan graves amenazas, este santuario se mantiene como un recordatorio de que conservar la biodiversidad no solo protege a las especies que habitan en él, sino que también garantiza un legado natural para las futuras generaciones.
Si solo van por un día, no es necesario notificar al ministerio: basta con llegar y pagar el aporte de entrada.

