realidad y fantasía
Motoconcho
No se puede andar a pie porque el transeúnte es asaltado a punta de cuchillo o revólver. Es decir, mi calle es un lugar prohibido. A pesar de las quejas y súplicas, no disponemos de una patrulla que ponga punto final al pillaje.
Maria Cristina de Carias
El motoconcho se ha convertido en un problema de primera magnitud. Parece mentira que en este paraíso en donde vivimos, un aparato de dos ruedas se haya convertido en una amenaza mortal.
Estos aparatos sirven para varios oficios e indudablemente son útiles, pero en las manos erróneas son un arma mortal. Los delincuentes los utilizan con total impunidad, no llevan placas y sus rostros están cubiertos con capuchas, por lo que no se pueden identificar.
Vivo en un lugar tranquilo, al lado de una parroquia, pero mi calle se ha convertido en cuna de asaltantes. No hay carro que se parquee y que no le roben los retrovisores.
No se puede andar a pie porque el transeúnte es asaltado a punta de cuchillo o revólver. Es decir, mi calle es un lugar prohibido. A pesar de las quejas y súplicas, no disponemos de una patrulla que ponga punto final al pillaje.
Pero esto no sucede solo en mi calle, se repite por toda la ciudad. No digamos en las calles de tránsito pesado, los motoristas son los dueños, se saltan las luces rojas ante mirada indiferente de la policía de tránsito.
Para estos demonios disfrazados no existen leyes de ninguna especie, además de contar con la indiferencia y complicidad de los encargaos del tránsito.
Otros países cuentan con una modalidad que se podría implementar en nuestra ciudad. Consiste en adherir una especie de carromato al vehículo, este puede llevar varios pasajeros cómodamente sentados y hasta cuentan con una cubierta para protegerlos del sol.
Si aquí se implementara esta modalidad, los motoristas dedicados a trasportar pasajeros, se verían beneficiados, tendrían que andar con más cuidado y podrían ser regulados con más facilidad.
Quedarían aquellos dedicados a llevar mercancías y, naturalmente, los chivos sin ley, pero sería mucho más fácil detectarlos y someterlos a la justicia.
Generalmente, estos son individuos con varios delitos a cuestas y cargan un machete o un cuchillo a cuestas. Cuando no, se han apoderado de una pistola, de las que circulan sin ley por nuestro territorio.
Ya todos supimos de la tragedia ocurrida a un chofer en Santiago, el autor del hecho anda suelto. Talvez, con esta idea que planteo disminuya la delincuencia motorizada.

