fábulas en alta voz 

Abuela por partida doble

Siento una gran emoción por conocer a quien me convertirá en abuela de dos. Una personita que llegará, no para dividir mi corazón, sino para engrandecerlo.

Marta Quéliz, editora L2

Marta Quéliz, editora L2

Saber que, además de mi amado Daniel, ya viene otra criatura en camino, me ha puesto muy feliz. Claro, eso no quiere decir que vaya a dividir el amor inmenso que le tengo a mi primer nieto. Las cosas no funcionan así. 

Cada quien tendrá el mismo espacio en mi corazón. Hago la reflexión, precisamente por los comentarios que suelen surgir cuando llega una segunda bendición a nuestra vida. Son varios. Unos a favor del que está y otros en su contra. 

"Bueno, ya se embromó Dani, lo van a destronar". "El o la que llegue, ya va a encontrar el banco lleno". Dos pareceres que, desde mi punto de vista son muy desatinados, pues los niños van llegando a nuestra familia para ensancharla y multiplicar los afectos, nunca para competir.

Un momento superaba el otro

Para que tengan una idea, mis padres, don Mon y doña Idalia amaban tanto a su familia que, cada vez que nacía un nieto parecía que era su primera experiencia. Un momento iba superando el otro.

 Recuerdo que, cuando nació mi hijo Manuel Enrique, convirtiéndose en el número 32 de sus descendientes, alguien le preguntó a mi papá: "¿Pero todavía usted se alegra tanto con el nacimiento de un nieto?". 

Respondió con mucha alegría y emoción: "Oh, pero es lo mismo, el cariño no se gasta. Yo tengo muchos, y ojalá tener más, que Dios me permitan ver muchos más". Cuando partió a los brazos del Señor tenía más de 50.

Imitar su deseo

Transportarme a aquel momento, me hizo recordar la cara de felicidad de mi padre, y realmente, ahora lo comprendo, pues siento una gran emoción por conocer a quien me convertirá en abuela de dos. Una personita que llegará, no para dividir mi corazón, sino para engrandecerlo. 

Que vendrá con la gracia de Dios, a ocupar ese lugar tierno y hermoso que todos los abuelos tenemos dispuesto para esa maravillosa extensión de nuestra familia. Mi amor, mi vida y mi casa están listos para recibir, no sólo a la criatura que vienen en camino, sino a los que lleguen, tanto por parte de Manu como por parte de Dali.

Fabulosamente, feliz

Así que, recalco, me siento como en una ciudad fabulosa, donde no importa a cómo está el petróleo, cómo va la guerra, que no haya un peso en la calle... sólo estoy viviendo esta felicidad que, como magia me hace olvidar de todas las adversidades que nos rodean. 

Mi pensamiento sólo está concentrado en rogarle al Señor que venga con salud, y que cuando llegue, encuentre un mundo en paz, más humano y menor poderoso. 

Mientras, pasa el tiempo, yo sigo disfrutando ser abuela por partida doble. Ah, y gozando también porque mi hermano Julio también experimentará de nuevo esa hermosa etapa.