Familia: mi lugar seguro

El diálogo es una pieza esencial para el bienestar de una familia. Sin embargo, como ocurre a veces en la mía, nuestras responsabilidades individuales suelen robarnos de ese tiempo valioso juntos. Nuestros horarios de trabajo y estudio parecen impedir que conectemos, pero depende de cada uno hacer el esfuerzo para lograrlo

Mucho de lo que hemos criticado de nuestros padres lo hemos tenido nosotros mismos.

Mucho de lo que hemos criticado de nuestros padres lo hemos tenido nosotros mismos.Fuente externa

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Maria Gabriela De la Cruz QuezadaSanto Doming, RD

Desde mi perspectiva como hija, mi familia es mi refugio, mi lugar seguro, en el que me siento amada, valorada y protegida. La familia es lo primero que conocemos del mundo. En ella crecemos, y de ella aprendemos muchos de los valores y hábitos que más adelante nos van a definir como personas. 

Esas primeras experiencias nos atan por siempre al vínculo de nuestra familia. Por eso, es importante que los padres se encarguen de crear un ambiente de amor, respeto y comprensión, que permita que los hijos sientan la confianza de ser ellos mismos, y compartir sus propias vivencias.

El diálogo es una pieza esencial para el bienestar de una familia. Sin embargo, como ocurre a veces en la mía, nuestras responsabilidades individuales suelen robarnos de ese tiempo valioso juntos. Nuestros horarios de trabajo y estudio parecen impedir que conectemos, pero depende de cada uno hacer el esfuerzo para lograrlo. Sentarse juntos a comer, caminar en el parque por las mañanas, salir de paseo los fines de semana y orar todos, antes de dormir son algunas pequeñas acciones que implementamos, para hacer de nuestra casa, un hogar, y crear con ello, espacios seguros, y de confianza, para conversar.

Trabajar la comunicación desde el matrimonio también proporciona a los hijos el ejemplo y nos da seguridad y paz. Después de todo, ellos son el cimiento de la familia.

Gracias a Dios, mis padres han reconocido esa importancia y han trabajado para mantener la estabilidad y la felicidad en el hogar.

Así, en mi familia hemos aprendido a tener un balance entre nuestro tiempo individual y nuestro tiempo compartido. En la mesa, dejamos de lado los dispositivos electrónicos e intercambiamos historias. A veces, nos sentamos en el sofá e intercambiamos risas, metas y sueños. No siempre es sencillo motivar a los hijos (o a los padres) para comenzar, pero una vez empezamos a sentir esa conexión familiar, la confianza crece y nos impulsa a seguir fortaleciendo ese lazo que nos une: ¡y que es el AMOR!

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