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Balón intragástrico: 25 años ayudando a adelgazar

El primer balón intragástrico fue un dispositivo que se utilizó por primera vez en 1985, aunque presentó excesivos efectos secundarios y complicaciones

Mujer a dieta

Mujer a dieta midiendo el perímetro de su cintura. Foto: IMEO.EFE

En 1999 se presentó el Balón Intragástrico Bioenterics-Orbera (BIB), que según informa la Sociedad Española de Endoscopia Digestiva, SEED, es el balón más popular y utilizado desde entonces y hasta la actualidad.

Es un balón esférico de silicona, muy resistente a los ácidos gástricos, de superficie lisa y seis meses de duración, que se rellena con 500-700 mililitros de suero salino isotónico teñido y posee una válvula de autosellado detectable mediante técnicas radiológicas sencillas, según informa el Documento Español de Consenso en Endoscopia Bariátrica, de la SEED, en 2017.

El primer balón intragástrico fue un dispositivo que se utilizó por primera vez en 1985, aunque presentó excesivos efectos secundarios y complicaciones. Después surgieron otros modelos, con resultados parecidos y que tampoco se comercializaron satisfactoriamente, según la web médica Endoscopia de la Obesidad, EdlO.

Ello condujo a una conferencia internacional en 1987 para establecer las recomendaciones para mejorar la seguridad y eficacia del balón, según EdlO, del grupo Quirón Salud.

Fruto de ello, a finales de la década de 1990, apareció el balón intragástrico Bioenterics® (comercializado sucesivamente por Allergan®, Orbera® y Apollo®), permaneciendo desde entonces como el balón de referencia”, según esta misma fuente.

El balón intragástrico (BI) está hecho de silicona médica, un material muy flexible y altamente resistente, que se introduce en el estómago por la boca mediante una endoscopia (introducción de un tubo o endoscopio en el cuerpo a través de un orificio natural), según el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), pionero de la aplicación de este sistema.

HITO EN ADELGAZAMIENTO

Posteriormente se llena de una solución salina (líquido compuesto de agua y sales), ocupando dos terceras partes del estómago, produciendo sensación de saciedad y de “estar lleno”, lo que facilita el seguimiento de un plan de adelgazamiento, añaden desde este instituto (www.imeoobesidad.com).

Explican que el BI ayuda al paciente, en primer lugar, aportándole un apoyo fundamental para perder los primeros 10 a 15 kilos en dos o tres meses.

En segundo lugar, sobre todo cuando se implanta el modelo de que permanece durante un año en el estómago y se acompaña de un plan de mantenimiento y seguimiento nutricional, el BI favorece una reeducación nutricional y fomenta un estilo de vida más saludable y activo a largo plazo, según Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del instituto.

“Es una intervención sencilla que encaja sobre todo a las personas reticentes a la cirugía y que además de facilitar la pérdida de peso a corto plazo, ayuda a disminuir la ansiedad y las conductas compulsivas, y a controlar y prevenir dolencias como la hipertensión, los trastornos del corazón, la diabetes, el hígado graso o el síndrome de ovario poliquístico”, explica Bravo.

El procedimiento lo realiza, en el ámbito hospitalario y bajo sedación, un especialista en endoscopia digestiva y dura unos 30 minutos. Antes de implantar el balón se realiza una endoscopia de control para evaluar la salud del estómago, apunta.

“Este tratamiento, que reduce la ingesta y crea sensación de saciedad, ofrece una ayuda que permite lograr una pérdida de peso relativamente rápida, por lo cual está muy demandado”, explican desde el IMEO.

En determinadas épocas, como el principio del año, el inicio del periodo estival o la reentrada laboral tras las vacaciones, aumentan los tratamientos contratados en centros especializados en pérdida de peso, según este instituto.

Según esta misma fuente, “la mayoría de los pacientes que acuden a estos centros par adelgazar cumplen los requisitos para someterse a una cirugía bariátrica”, un conjunto de técnicas quirúrgicas destinadas a tratar la obesidad mórbida, que incluyen reducir la capacidad gástrica, limitar la ingesta de alimentos y/o modificar la absorción intestinal de nutrientes.

ALTERNATIVA A LA CIRUGÍA

Sin embargo, muchos de estos pacientes prefieren recurrir a alternativas menos invasivas, es decir que no requieran efectuar cortes e incisiones ni introducir instrumentos quirúrgicos en el cuerpo, y que incluyan un seguimiento nutricional y ofrezcan un resultados similares a los de los métodos bariátricos, añaden.

Determinados tratamientos “como el balón intragástrico, posibilitan una pérdida de peso relativamente rápida, comparable a pasar a llevar una media de tres tallas menos en un par de meses” según explica Bravo.

Las tallas o medidas convencionales de las prendas de vestir suelen variar 4 o 5 centímetros entre una y otra, en partes del cuerpo como el pecho o la cadera, lo que conlleva una diferencia de unos 4 a 5 kilos de peso, según explica el IMEO.

El seguimiento nutricional posterior a la implantación del BIG es un aliado para no recuperar el peso perdido, lo cual convierte a este sistema en una opción que suelen elegir aquellas personas que no consiguen desprenderse de sus kilos de más siguiendo un plan de alimentación combinado con ejercicio, añade Bravo.

No obstante, desaconseja acudir a este tratamiento como una solución para “perder peso rápidamente y sin esfuerzo”, tras engordar en determinadas épocas del año.

“El balón intragástrico debe prescribirse como una oportunidad para recuperar el peso saludable y mejorar el estilo de vida, la cual requiere que haya un seguimiento nutricional y en ocasiones, psicológico, durante todo el proceso”, recalca.

Este procedimiento se recomienda, por su eficacia, a personas que siempre han tenido un ligero sobrepeso (5 a 10 kilos) y han pasado a tener obesidad moderada (15 a 30 kilos de exceso de peso), a raíz de un embarazo, menopausia, un período de depresión o ansiedad, o una lesión o cirugía que reduce su actividad y el gasto calórico”, apunta Bravo.

“El balón intragástrico (BI) marcó un antes y un después en los tratamientos para adelgazar”, señala Carmen Arribas, directora técnica y asistencial del Instituto Medico Europeo de la Obesidad (IMEO), centro español que implantó su primer dispositivo de este tipo en un paciente, en 2001.

Arribas señala que el balón “fue un hito” porque permitía perder peso de manera sencilla, “quitándole el hambre a la persona, al mantener su estómago ocupado”.

Antes de la llegada de ese sistema, se empleaban distintos tipos de cirugía, para tratar la obesidad mórbida, pero sus resultados no eran eficaces a largo plazo, según añade.

Arribas recuerda que el primer modelo de BI permanecía en el estómago durante 6 meses y se rellenaba de suero teñido de azul, para poder detectar ese color en la orina del paciente, lo cual indicaba que había que sustituir el balón implantado por otro.

Una vez retirado el BI, al finalizar el tratamiento, la persona debía someterse a un estrecho seguimiento dietético para no recuperar el peso perdido, una práctica que sigue siendo imprescindible para el éxito del tratamiento, según recalca.

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