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TRIBUNA ABIERTA

Duelo migratorio

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Jocelyn QuezadaSanto Domingo, RD

Respondí la llamada de mi hermana menor y quedé con un dolor que producía ser de poca ayuda. Hace ya 20 años, ella y mi sobrino migraron a Estados Unidos y el niño de seis años pasó de ser un estudiante excelente en República Dominicana a uno que aparentaba no avanzar en las clases en inglés y que continuamente lloraba, diciéndole a su madre: “Llévame para Santo Domingo, que mi tía me cuida allá”. Situación muy difícil, que se volvería a repetir, en cuanto a emociones y sentimientos con la partida de dos de mis hijas, una a Europa y otra a Canadá.

El duelo casi siempre se asocia a la muerte de una persona, sin embargo, cada vez más se avanza en otros estudios sobre su manifestación ante pérdidas intangibles, entre los que está la atención a la experiencia que viven las personas que emigran. Hasta hace poco, solíamos decir que todo dominicano tiene un tío en Nueva York, hoy debemos extender el alcance de esta afirmación y reconocer que el dominicano está en cualquier parte del mundo. ¿Qué nos lleva a dejar el calor de nuestro clima para vivir las inclemencias de inviernos crudos y grises? Las respuestas son variadas, incluyen lo económico, lo social, el desarrollo personal, entre otros.

Este deseo de progreso lleva consigo las pérdidas que ocasionan los siete duelos de los que habla el doctor Joseba Achotegui, profesor y médico psiquiatra español, autor de ‘El Síndrome de Ulises’. Contrala Deshumanización de la Migración, está dejar atrás familia y amigos; la lengua; la cultura; la tierra; el estatus social, el contacto con su grupo de pertenencia; y la seguridad física, pasando por fases ya estudiadas de este tipo de duelo y que abarcan las etapas de luna de miel, depresión, adaptación y rechazo de la cultura original.

Asociada a la experiencia de duelo también tenemos el desarrollo de mecanismos de afrontamientos que permiten superar las experiencias difíciles que vive el emigrante. Con el acompañamiento adecuado, quien vive un proceso de duelo migratorio se dará permiso para reconocer que su tristeza, nostalgia y otros síntomas asociados son signos del mismo, los cuales puede experimentar sin culparse ni ser juzgado por eso.

Se sugiere integrar ciertos elementos de la cultura de origen en el nuevo entorno, así como mantener el vínculo emocional a través de la comunicación continua. En mi caso, aprovecho las ventajas de la tecnología para tener videollamadas e intercambios de mensajes a través de las diferentes plataformas. No pasa un día sin que haga contacto con mis emigrantes.

Termino este escrito recordando los nombres de migrantes que han hecho grandes aportes una vez fuera de su país: Albert Einstein salió de Alemania; Sergey Brin, cofundador de Google, migró desde Rusia; Anne Elisabeth ‘Liz’ Claiborne, viajó desde Bélgica; Isabel Allende, desde España y desde República Dominicana, Oscar De La Renta. Dejo espacio para que usted agregue otros nombres.

La autora es psicóloga y coach