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La Vida domingo, 15 de agosto de 2021

45 ANIVERSARIO DEL JBN

Francisco Jiménez: “Los jardines botánicos son como los buenos vinos...”

La ceiba de la foto es un verde testimonio de su paso por el Jardín Botánico Nacional: 38 años estudiando y protegiendo la flora de La Española

  • Francisco Jiménez: “Los jardines botánicos son como los buenos vinos...”

    Francisco Jiménez junto a la ceiba que ha visto crecer durante 38 años en el JBN. ©Jorge Luis Martínez / LD

  • Francisco Jiménez: “Los jardines botánicos son como los buenos vinos...”
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  • Francisco Jiménez: “Los jardines botánicos son como los buenos vinos...”
  • Francisco Jiménez: “Los jardines botánicos son como los buenos vinos...”
Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo

El botánico Francisco Jiménez es el empleado más antiguo del Jardín Botánico Nacional (JBN), al que ha dedicado 38 de los 45 años que cumple hoy domingo el parque urbano. 

La ceiba de la foto es un verde testimonio de su paso por el JBN: casi cuatro décadas estudiando y promoviendo la conservación de la flora de La Española.

Llegó en 1983, el mismo año que ingresó el exdirector Ricardo García. 

Cambió la Biología por la Ingeniería Forestal y se formó como botánico de la mano de quien considera su mentor, el botánico estadounidense Thomas Zanoni.

Comenzó, le cuenta a Listín Diario, “montando especímenes de plantas en el departamento de Botánica”. De ahí pasó a manejar las colecciones del Herbario, siguió como técnico en Taxonomía y Exploraciones y luego como curador y encargado del Herbario, dirigió el departamento de Botánica y hoy es el subdirector técnico de la institución. 

La Ceiba pentandra es apenas una referencia visual de esos comienzos en el Botánico. 

La 'conoció' pequeñita, de apenas centímetros, y la vio crecer en su camino diario hacia Botánica, mientras atravesaba el área dedicada a las plantas nativas y endémicas de República Dominicana. 

“La veía todos los días y hoy es un árbol gigantesco, de más de 20 metros”, expresa Jiménez. 

El enorme y emblemático árbol con el tronco partido en dos le recuerda cómo aquel espacio que ocupaba un campamento militar se ha convertido, en cuatro décadas y media, en el entorno verde favorito de los habitantes del Gran Santo Domingo y una referencia internacional en el estudio de la flora de la isla. 

“Los jardines botánicos son como los buenos vinos -dice-, mientras más viejos...” 

Y lo afirma haciendo referencia a que cuando entró al JBN las plantas eran relativamente jóvenes y hoy forman parte de bosques maduros en los que se reflejan los trabajos de cuidado y conservación que allí se realizan. 

Explica que en los terrenos que hoy ocupa el jardín funcionaba un destacamento tipo polvorín donde se almacenaban municiones.

“Eso permitió que el Jardín Botánico mantuviera parte de la vegetación natural que hoy exhibe, como la reserva forestal, que es una representación de lo que era la vegetación en la ciudad de Santo Domingo. Esa vegetación la tenemos aquí representada, incluyendo la palma guano, que es el emblema nuestro”.

Explica que en principio ese emblema era la palma cana, todavía presente en las verjas de hierro que bordean el área protegida. 

¿Por qué la cambiaron? “En la gestión de Milcíades Mejía se cambió al guano. Lo que pasa es que el guanito, Coccothrinax argentea, es una representación natural de aquí. Aunque el sotobosque está sembrado de césped, sí son naturales. Y es la planta más abundante acá, en el Botánico, de manera natural”. 

La reserva nunca se ha tocado. Lo que sí crearon fueron áreas temáticas propias de jardines botánicos como el jardín japonés, plantas medicinales, área de cactus, el rosal y los pabellones de bromelias, helechos, plantas acuáticas y orquídeas. Entre plantas y senderos: dos millones de metros cuadrados de puro verde.

ESOS PRIMEROS AÑOS...

Jiménez cuenta que “la mística” del jardín descansaba originalmente en el departamento de Botánica, de donde surgió la escritura de la flora de La Española. 

“Esa era la mística principal, escribir la historia de la flora de la isla y mantener un herbario con una gran colección de especímenes de toda la isla como algo representativo”. 
Esos primeros estudios florísticos motivaron la creación de muchas áreas protegidas con investigaciones dirigidas por el botánico estadounidense Thomas Zanoni.

“Zanoni fue nuestro mentor. Está retirado, pero sigue asistiendo al Jardín Botánico de Nueva Yok. Fue nuestro jefe por muchos años y quien nos formó a todos: a Milcíades (Mejía), a Ricardo (García), a Brígido (Peguero). El primer investigador en esa área fue el botánico francés Dr. Henri Alain Liogier, que se casó con una dominicana y comenzó a recorrer toda la isla”. 

En el área de orquídeas, continúa Jiménez, trabajaba otro investigador estadounidense muy querido y recordado en el país: Donald Dod.

“Cuando entré en el 83 y hasta el 88, cuando se fue, fui su asistente en la parte de orquídeas. Eso me dio los conocimientos sobre las orquídeas, especialmente de la flora orquideológica nativa”.
Dado que el objetivo principal del jardín era la investigación y la escritura de la flora de la isla a través del departamento de Botánica, el herbario de la institución cuenta con más de 140,000 especímenes y sigue siendo la base principal para los estudios de conservacion de plantas de la isla. 

Esos aportes a la ciencia se fueron fortaleciendo con la creación de nuevos departamentos: conservación, el banco de semillas (único banco germoplasma del país con fines de conservación) y educación ambiental; y espacios como el sendero de los sentidos, el mariposario y el sendero taíno.

38 AÑOS DE APORTES A LA BOTÁNICA

Jiménez ha participado en las investigaciones sobre la flora y la vegetación de los picos Duarte y La Pelona, el Parque Nacional del Este, loma Barbacoa, Sierra de Bahoruco, La Humeadora, La Herradura, loma Isabel de Torres, loma Guaconejo, Sierra Martín García, Pueblo Viejo y el cinturón verde de Santo Domingo. 

También trabajó la composición florística de la Reserva Científica Ébano Verde y de las orquídeas del Parque Nacional del Este. 

Uno de sus aportes más conocidos fue el descubrimiento en 1997 de la Salcedoa mirabaliarum, especie endémica exclusiva de República Dominicana.

Ha publicado más de 45 artículos científicos como autor y coautor. 

Es miembro del comité editorial de la revista científica Moscosoa y de la Red de Herbarios de Mesoamérica y El Caribe, así como representante local de la Asociación Latinoamericana de Botánica (ALB) y de la Red Latinoamericana y del Caribe (RLB).