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La Vida miércoles, 10 de abril de 2019

JUNTOS 2019

El torii de la isla de Miyajima

El arco tradicional, símbolo turístico de Japón, se levanta en las aguas del mar de Seto, frente al santuario sintoísta de Itsukushima

Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Hiroshima, Japón

“Advertencia: los venados de Miyajima son silvestres y pueden comer papel y tela. Por favor, no descuide sus pertenencias personales, especialmente sus boletos y suvenirs”.

Al principio, ver esta nota en la portada de la guía impresa de una de las islas más visitadas de Japón causa un poco de risa. Solo al principio, porque una vez comienza el recorrido por la vía que conecta todos los puntos de interés del lugar, se confirma la exhortación.

Son ellos, entonces, el primer asombro de Miyajima (también Itsukushima), una isla de 30 kilómetros cuadrados ubicada al suroeste del país en la bahía de Hiroshima, en el mar interior de Seto.


Iderlisa Castillo y Andrés Freites, representantes de República Dominicana del programa Juntos 2019 (iniciativa creada por Japón para fomentar los lazos con América Latina), comparten con los venados de la isla de Miyajima. ©Yaniris López / LD 


Además de los curiosos ciervos, salpican todo el territorio parques botánicos, templos y pagodas, un pequeño acuario, tiendas y centros de artesanía, restaurantes, un museo de historia y folklore, el famoso monte Misen y su teleférico, playas, callejones llenos de encanto y una rica agenda cultural.

De todos los atractivos, solo uno no puede quedar en carpeta si visita la isla: caminar los 280 metros del corredor del santuario sintoísta de Itsukushima, Patrimonio de la Humanidad desde 1996, y desde allí acceder al torii bermellón que vigila su frente.
 


El entorno del torri y el santuario está considerado uno de los tres más hermosos paisajes de Japón. ©Yaniris López / LD 


Sublime e imponente

Aunque es el santuario del siglo XII y sus edificios, “armónicamente dispuestos y testigos de la gran maestría técnica y artística de sus constructores” (Unesco), el punto de mayor interés de Miyajima, es el torii el centro de atención. Hay algo en esa estructura que evoca lo mejor de la literatura y el arte japoneses, la arquitectura sin propósito, la naturaleza y la contemplación.

Nadie repara en los miles de visitantes que al mismo tiempo recorren el islote y sus encantos. Los ojos se desplazan solos hacia la “Gran Puerta” que se levanta solitaria a 200 metros del santuario, rodeado de agua.



Cuando la baja marea lo deja totalmente al descubierto, los visitantes se acercan hasta los pilares de 10 metros de circunferencia. ©Yaniris López / LD 


Con sus 16 metros de altura, el arco tradicional más famoso de Japón data de 1875, el octavo construido desde el periodo Heian. Los torii suelen colocarse a la entrada de los templos sintoístas como el punto que separa el espacio mundano del sagrado.


DE INTERÉS

- El entorno del torri y el santuario está considerado uno de los tres más hermosos paisajes de Japón. “Historia y tradición, mar azul, montañas y bosques. Un lugar llena de atractivo”, lo promueve la guía turística de Miyajima.

- El santuario Itsukushima se construyó por primera vez en 593, luego fue reconstruido por Taira-no-Kiyomori en 1168 en la misma escala de hoy.  Se localiza a 12 minutos caminando desde la terminal del ferry.


El recorrido en ferry desde el barrio de Miyajimaguchi (ciudad de  Hatsukaichi) hasta la isla tarda 10 minutos. Los planes de la ruta turística de Miyajima van de tres a seis horas. El punto más alto de la isla es el monte Misen, con una altura de 535 metros sobre el nivel del mar.  ©Yaniris López / LD 
 

 

Desde tiempos antiguos, la isla de Miyajima es considerada un lugar divino, razón por la que el santuario, “adorado como el dios del guarda del mar”, se construyó sobre pilares a orillas del mar, donde la marea sube y baja. Si la marea está alta, el santuario prácticamente queda rodeado de agua, un atractivo más para los visitantes. De acuerdo con la Unesco, el diseño y composición del santuario “juegan con el contraste de colores y volúmenes entre el mar y la montaña, ilustrando así perfectamente el concepto japonés de la belleza escénica, que une la hermosura del paisaje natural a la creatividad humana”. ©Yaniris López / LD