MEMORIAS DE VIAJES

Madrid ofrece menú del día con calidad de a la carta

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Carmenchu BrusíloffSanto Domingo

De muchos es sabido que en Madrid se come bien en cualquier parte. Y en cuanto a precios se tiene siempre donde elegir para cada presupuesto y para todos los gustos. He podido comprobarlo, incluso en un mismo local. Por ejemplo: en la calle Princesa, a muy corta distancia de la Plaza de España está El Capricho, una tapería y restaurante, donde en enero 2008 almorcé –y almorcé bien. En ese entonces era a la carta por un precio que, sin propina, alcanzó los 30 euros. Hoy –diciembre del mismo año 2008- veo el menú del día que junto a su puerta lo anuncia por 10 euros con 50 céntimos. Me detengo a estudiarlo. Sus platos me apetecen. En esta ocasión no estoy en la tesitura de gastar. No ando de vacaciones sino por invitación que cubre boleto de avión y alojamiento de hotel. La comida corre por mí, y mis ahorros no tenían en presupuesto este viaje. Pero en España la gama de opciones para almorzar, en cuanto a precios, es amplia y, por barata que sea, siempre es de buen sabor la comida. En la barra que funciona en el piso bajo pregunto dónde sirven el almuerzo para el menú del día. Suponía que, por lo barato del servicio, sería en este piso (en Santo Domingo es el primer piso). Si es “menú rápido”, me explica un mozo, “tiene que ser aquí, pero el menú del día puede ser en el primero” (segundo piso para los dominicanos). Subo al comedor bien puesto pero sin lujo alguno, donde me sientan a la mesa justamente al lado de la que ocupé en enero. Mejor no puede ser. Son mesitas destinadas a una y dos personas ubicadas en una especie de pasillo ancho que conduce hacia la zona principal de mesas de mayor tamaño cerca de las ventanas. Han sacado buen partido del espacio, y se ve bien. Hacia el lado opuesto, es decir, el interior del local, hay otro comedor. Del menú, elijo de primer plato judías verdes estofadas, sin idea de cómo puedan ser pero consciente de que las judías verdes son uno de los pocos platos típicos madrileños. De segundo, escalopines al queso Roquefort. Esto suena bien. El servicio del menú del día incluye vino, pan, postre o café. Las judías son abundantes y ¡ricas! Lo que me preocupa son las tantas calorías por estar hechas en aceite de oliva. Se nota, pero no sobra. No dejo resto alguno en el plato. En cuanto al vino, es una copa de tinto muy “medido”. Ni una gota de más. No me extraña. Es de muy buen caldo. Además, una copa es para mí bastante. Pese a no haberme preguntado cómo quería la carne, y a mí habérseme olvidado señalar cómo me gusta, tengo suerte. Está término medio. Ni cruda, que detesto, ni quemada, que me desagrada. De sabor está bien, aunque algo baja de sal. Tengo a mano el salero, mas prefiero dejarla así, pues no quiero estropearla. Las patatas (papas para los dominicanos) que la acompañan son fritas, pero sin notarse el aceite. Muy bien hechas, aunque apenas como alguna. Con las judías y la carne me siento llena. Aún así, no puedo negarme al postre. De tres opciones elijo Tarta de frutas del bosque. De sabor es pasable, pero nada del otro mundo, dándome la impresión de que no es hecho en la casa. Pero con menú de precio tan atractivo y las varias agradables opciones para comer, no me puedo quejar.

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