Puente de la 17
La vida bajo el Puente de la 17: familias aún en espera de soluciones
Los desalojos, según les informaron las autoridades, se realizarán por grupos y etapas. Sin embargo, los vecinos dijeron que no se han definido fechas ni se han ofrecido alternativas claras para reubicación.
El Puente de la 17 presenta daños peligrosos para las comunidades cercanas.
“Vivir bajo un puente” es una frase que se suele usar como sinónimo de indigencia. Pero bajo el “Puente de la 17”, esa frase ha cobrado otro sentido. Allí, bajo el concreto y el rugido constante de los vehículos, existe una comunidad con vida, historia y lucha.
Durante una visita del LISTÍN DIARIO, se hizo evidente que los residentes de esta zona no viven simplemente “bajo un puente”. Viven dentro de una comunidad improvisada que, a lo largo de los años, ha construido casas, edificios, y donde incluso algunos están levantando nuevas estructuras.
Vivir bajo peligro: Un hábito
El puente Francisco del Rosario Sánchez, mejor conocido como “Puente de la 17” retumba constantemente. Los vehículos pasan sin cesar sobre las cabezas de estas familias y para muchos, esos ruidos constantes ya son parte de la rutina.
Por las noches, los sustos provocados por el paso de camiones pesados, es una incomodidad que ha sido asimilada como normalidad para los que han hecho del puente, su hogar.
Silvia Feliz, una residente, expresó con crudeza los temores de quienes viven allí.
“Cuando le caiga un pedazo del puente a uno, cruzando, quizás tengan tan siquiera un poquito de consideración con los inquilinos. Aunque sea para comprar un solarcito”, reclamó.
Las reparaciones avanzan lentamente. Pero la gran incógnita de si será suficiente, aún persiste.
Silvia habló también del ruido, un problema que afecta incluso la vida doméstica más sencilla:
“Aquí hay momentos en donde en verdad tú no puedes ver la novela, no puedes escuchar una nota de voz. Hay momentos cuando tú ves que pasa un vehículo pesado, eso hace un ¡boom!, que piensas: bueno, se va a caer el puente”.
Sus palabras fueron claras: no solo se vive en condiciones precarias, sino también bajo una amenaza de que en cualquier momento el puente caiga.
En espera de los desalojos
Carlos Hernández es otro vecino que lleva 25 años viviendo allí. En su testimonio expresó incertidumbre y cansancio por la lentitud de las autoridades respecto a la toma de decisiones sobre las viviendas.
“Estamos esperando a ver cuál es la decisión que van a tomar. Si ellos van a seguir trabajando encima de la gente o si van a sacarnos de aquí abajo para continuar”.
Carlos aseguró que el sector no es peligroso refiriéndose a la delincuencia y que ya está acostumbrado a vivir en el lugar: “Aquí tú puedes dormir. Aquí yo no me meto contigo”.
Pero, está consciente de que el lugar no es seguro, y que además dificulta las reparaciones que requiere la infraestructura del puente: “Si no se puede continuar viviendo, ellos deben tomar una decisión… porque mientras hay gente no pueden trabajar como se debe”.
Los moradores aseguraron que todo ha sido más promesas que acciones concretas.
Marco Madera, con siete años bajo el puente, criticó la manera en la que se ha manejado el proceso diciendo que las autoridades les indicaron que los desalojarán “simplemente con los depósitos de la casa. Un abuso”.
Los desalojos, según les informaron las autoridades, se realizarán por grupos y etapas. Sin embargo, los vecinos dijeron que no se han definido fechas ni se han ofrecido alternativas claras para reubicación.
La vida cuesta, incluso bajo un puente
Yesenia Ventura vende café bajo el puente. Es su medio de subsistencia, aunque irónicamente vive en el mismo sitio donde trabaja. En la visita se observó cómo justo detrás de su puesto se estaban reparando unas tuberías.
Yesenia Ventura y su puesto de café bajo el Puente de la 17.
Yesenia paga ocho mil pesos mensuales por una vivienda sin agua potable, ubicada debajo de una estructura que podría colapsar.
“Porque no les voy a pedir que me den para yo comprar un solar, es lo que ellos puedan ayudar. Ese es mi deseo”, imploró.
Yesenia, como muchos otros, no pide lujos ni privilegios. Solo una oportunidad justa para vivir en condiciones humanas. Lo que parece mínimo para otros, un lugar seguro, agua, tranquilidad, es para ellos un sueño pendiente.
En proceso de reparación
Durante la visita del diario, en el extremo opuesto del puente se pudo observar a trabajadores martillando los hierros que lo sostienen. Las reparaciones avanzan lentamente. Pero la gran incógnita de si será suficiente, aún persiste.
Varios trabajadores reparando el puente.
Vivir bajo el puente de la 17 es una realidad que se ha ido normalizando con el paso del tiempo. Pero bajo esa “normalidad” habita la angustia, la precariedad, y también una necesidad de ser vistos, escuchados y considerados por las autoridades.

