Maquiavelo y la Constitución
Era domingo por la tarde y se me ocurrió ir al parque Colón, en la Zona Colonial. Me senté en uno de los bancos disponibles de espaldas a la calle “Arzobispo Meriño”, teniendo a mi derecha la Catedral Primada.
Había bastante gente ese domingo—eso sí lo recuerdo muy bien—pues tocaba una afinada retreta la banda de música de uno de nuestros cuerpos armados. Ya me divertía escuchando los compases de una emotiva marcha marcial, cuando reparé en que el bulto oscuro que reposaba sobre la esquina del banco parecía, más bien, un cuervo grande desparramado con las alas abiertas que dejaban ver su color negro marengo y los destellos de cuando el sol de la tarde rebotaba en aquel sujeto.
Saliendo del asombro inicial, realmente pude darme cuenta de que, en ese extremo del asiento público, un hombrecillo vestido anacrónicamente de negro seguía evidentemente complacido del espectáculo.
Suscríbete Gratis
Por favor, regístrate ahora para seguir leyendo