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La República viernes, 10 de julio de 2020

Análisis

Triunfo de Abinader define un nuevo ciclo de la política

  • Triunfo de Abinader define un nuevo ciclo de la política
Felipe Ciprián
[email protected]
Santo Domingo, RD

 El país vivió el pasado do­mingo una jor­nada electoral cívica, limpia y transparente en la que el candidato presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM), Luis Abi­nader, ganó los comicios y el reconocimiento inme­diato de sus oponentes y de toda la sociedad.

De esa elección hay múltiples lecciones en los planos políticos, sociales, institucionales y éticos que será imposible abordar en esta ocasión, pero que gra­vitarán en el porvenir de la sociedad dominicana.

La JCE honesta

Desde las primarias del 6 de octubre de 2019 la Jun­ta Central Electoral (JCE) fue objeto de una sistemá­tica campaña de descrédi­to por parte de sectores de la oposición que la tilda­ron de parcializada con el gobierno.

Dije más de una vez que esa JCE era la más inde­pendiente y honesta que había tenido el país des­pués de las que presidie­ron César Estrella Sahdalá y Juan Sully Bonelly Batlle.

El fracaso de las eleccio­nes municipales del 16 de febrero en los municipios donde la votación y el es­crutinio iba a ser automati­zado, sirvió de caldo de cul­tivo para presentar a la JCE como inepta y “vendida” al gobierno, y de paso ver ese percance informático como un acto de fraude del Parti­do de la Liberación Domini­cana (PLD) al que se había prestado la Junta.

Lo que siguió luego fue una concertación de resis­tencia de la oposición y un motivo de rebeldía de una clase media que con la ma­yoría de los problemas re­sueltos, se volcaba a exigir –con justa razón- derechos políticos y éticos que termi­naría capitalizando el PRM en las urnas.

La lección de este aspec­to es que la campaña contra la JCE por la supuesta par­cialización con el gobierno era falsa, irreal y la forma como manejó las elecciones de marzo y julio con boletas y conteo manual, demostró su pulcritud.

Mi defensa a esa JCE fue correcta y ahí están los jue­ces y sus acusadores para que recojan, estos últimos, todo el estiércol que lanza­ron contra ellos inmerecida­mente.

Mis pronósticos

Todo apuntaba a que las elecciones no podrían defi­nirse en una primera vuel­ta porque tanto Abinader (PRM) como Gonzalo Cas­tillo (PLD) estaban en un empate técnico en alrede­dor de 42% y eso me llevó a escribir que habría que ir a una segunda vuelta.

Admito que fue un error mi pronóstico, pero tie­ne explicaciones que para quienes usan sus dos oídos para escuchar y sus dos ojos para ver (y una sola lengua para hablar) pueden re­sultar dignos de tomar en cuenta.

Confluyeron dos factores de percepción que crearon una narrativa definitoria: la divulgación de tres encues­tas que colocaban a Abina­der por encima de 54% y a Gonzalo en menos de 30%, por un lado, y unas declara­ciones de Leonel Fernández que “le pusieron la tapa al pomo a la segunda vuelta”.

Después de las encues­tas de la “Operación rema­te” del PRM, Leonel declaró que no haría alianza con el PLD en una segunda vuelta.

Esa declaración, innece­saria e inoportuna porque no lo ayudaba en su causa, obró como decantación de importantes sectores de la base del PLD dividido (PLD y Fuerza del Pueblo) que corrieron a ponerse a dispo­sición de Abinader, votaron por él e inclinaron la defini­ción del proceso en primera vuelta.

En otras palabras: Leo­nel le regaló decenas de mi­les de votos suyos y del PLD a Abinader con esa declara­ción y selló el triunfo electo­ral de la oposición. Franklin Almeyda, en un mensaje de Twitter, lo admitió cuando se regocijó de la derrota de Gonzalo al grito de “¡Misión cumplida!”.

Emergió la clase media

Hay destacados intelec­tuales, entre ellos mi ami­go Melvin Mañón, que con­sideran que hubo un hilo conductor entre una emer­gencia de la clase media, las movilizaciones popula­res y una nueva aspiración de cambio que –entre otros aspectos- explican la derro­ta del PLD. No discuto eso, pero completo mi versión de lo que considero, pasó en la última elección.

La clase media, emplea­da o con negocios propios, tiene una vida asegurada con un nivel de confort su­ficiente como para no tener que luchar con la brega dia­ria del coquero que busca “el diario” a su familia.

En gran medida eso es así por la gran estabilidad eco­nómica, cambiaria, inflacio­naria y el alto nivel de inver­sión extranjera directa que se registró durante los go­biernos del PLD.

En esa circunstancia, esa clase media estaba lista pa­ra exigir derechos políticos y justicia frente a la corrup­ción. Eso hizo. Y más aun, al final decidió su voto castigo por el que podía ganarle las elecciones al PLD, que era Abinader, no Leonel.

Esa misma clase media con amplias expresiones por redes sociales y la co­municación social en ge­neral, ya le ha puesto ad­vertencia al gobierno de Abinader que no ha inicia­do: “Si en enero no hay pre­sos (por corrupción), volve­mos a marchar”.

Es un poder que nace amenazado por un sector que contribuyó mucho a su triunfo y Abinader tendrá que escoger entre “darle cir­co” o concentrarse en unir al país para enfrentar el ver­dadero peligro que es el co­ronavirus. ¿Qué hará? Esa es su elección y yo sería su peor consejero. ¡Gracias!

Caudillismo en finales

Entre el año 2017 y el 4 de julio pasado, mi gran apues­ta fue contra la pervivencia del caudillismo en la polí­tica dominicana que cierra el paso a las nuevas genera­ciones en los partidos y en el liderazgo nacional.

Por eso días antes de las pri­marias del 6 de octubre lla­mé a los perremeístas a vo­tar para que Abinader fuera el candidato presidencial del PRM y no Hipólito Me­jía, al igual que pedí el voto por Gonzalo contra Leonel.

Cuando Abinader y Gon­zalo ganaron las candida­turas, dije muy claramente que esa situación colocaba al país en la disyuntiva de escoger a uno de los dos pa­ra presidir los destinos de la nación, lo que era una victo­ria frente al caudillismo.

Sabía y escribí que ningu­no de los dos tenía un pro­grama que se apartara del modelo neoliberal y que su gestión de la política inter­nacional estaría marcada por su subordinación a las decisiones de Estados Uni­dos en la región, pero en el plano político interno po­dría ser importante si los caudillos quedaban fuera.

Leonel fue el único cau­dillo que buscó la Presiden­cia y no alcanzó el 9% de los votos. Hipólito y Dani­lo Medina ya estaban fuera del ruedo. A eso se agrega la despedida del PRD y del Partido Reformista como partidos clave del sistema. ¡Adiós amores!

Con un gobierno de Abi­nader yo no gano, pero le deseo éxito y no seré un ga­tillero en su contra.

Conozco los poderes fác­ticos que lo impulsaron y puedo decirle a él que la mayoría de ellos lo vieron como un trampolín para materializar intereses, no como un líder de sus aspira­ciones.

¡Cuando pase la tempes­tad, contaremos las estre­llas!


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