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La República jueves, 14 de mayo de 2020

Enfoque

El periodismo en la política

  • El periodismo en la política
Rafael Nuñez
Especial para LD

Mis prime­ros pasos hacia el periodis­mo no los di en una facultad de comu­nicación, ni en las salas de re­dacción de un periódico, de una radio o de la televisión. Fue la pluma acuciosa, com­bativa y poética de José Mar­tí la que me inició en el de­leite de la palabra; el prócer cubano compaginó con ar­monía la literatura, el ejerci­cio periodístico y la militan­cia política. Fundó/colaboró en numerosos periódicos de la época y en el diario Patria Libre, bajo la tutela de su mentor Rafael María Mendi­ve, transformó su pluma en espada con la firme voluntad de hacer viable la indepen­dencia cubana.

Abrevé en la obra de Mar­tí como requisito previo para integrar el Círculo Literario José Martí (asociación fun­dada por un grupo de ami­gos que a los veinte años sen­timos la inquietud cultural que precede al compromi­so). Desde aquellos tiempos circula en mis venas el pen­samiento martiano: “solo quien sabe de periodismo, y de lo costoso del desinterés, puede estimar de veras la energía, la tenacidad, los sa­crificios, la prudencia, la fuer­za de carácter que revela la aparición de un diario honra­do y libre”.

Del ilustre cubano apren­dí muchas cosas, que uni­das a la escuela boschista, inspiran mi profesionalidad (estimo que ambos supie­ron hacer del periodismo una herramienta esencial para comunicar ideas sin renunciar al cumplimiento de las normas deontológi­cas). Martí y Bosch cultiva­ron el significado de la no­bleza, rechazaron el culto a la personalidad o la super­flua adulación y con ellos aprendemos que la fideli­dad a un amigo es compa­tible con la fidelidad a la República. A pesar de los sinsabores por los que atra­vesaron -recordemos que sufrieron exilio y persecu­ción- nos legaron un ejem­plo insondable de entre­ga al proyecto inacabado de una Patria libre y soberana.

Tengo presente que las raíces de mi compromiso po­lítico se hunden en mi lec­tura militante de la historia nacional, no solo dominica­na sino de la región Caribe y del resto de América La­tina. A partir de esa “apro­piación” de lo vernáculo de­posité mi confianza en los valores democráticos, apues­to por la defensa de los dere­chos fundamentales y creo con pasión en la posibilidad de construir una Patria digna para todos.

Ingresé al Partido de la Li­beración Dominicana (PLD) en 1979 fascinado por la fi­gura de Juan Bosch y ani­mado por la literatura mar­tiana. Quiero destacar que Bosch fue el primer político dominicano contemporáneo en utilizar los medios de co­municación como vehícu­lo para expresar los sueños de emancipación. El Maes­tro, con una formación inte­lectual amplísima, influido por la escuela hostosiana y marcado por sus vivencias en otras naciones, tomó por aliados al periodismo radial e impreso. De él sale la idea de fundar el semanario Van­guardia del Pueblo: el perió­dico político más emblemá­tico de nuestra historia, del que formé parte.

Cuando Bosch dejó el es­cenario público abracé el li­derazgo de su alumno más aventajado: Leonel Fernán­dez. A lo largo de 26 años de servicio recorrí junto a él ca­da rincón del país y también del exterior, apoyándole en una agenda de moderniza­ción del Estado sin preceden­tes. Al finalizar su mandato preferí vivir a la intemperie que la traición. Cabe decir que debemos ser leales a los principios que profesamos y sobretodo consecuentes con la visión que se tiene del de­ber ser de la República.

El filósofo Marco Tulio Ci­cerón redactó un amplio trata­do sobre la amistad en un mo­mento de turbación en Roma por el asesinato de Julio Cé­sar. Al releerlo siento que no extirpo de mi alma los buenos recuerdos y pienso que res­pondí con virtud a la pregun­ta ciceroniana: “¿dónde en­contraremos a aquellos que no antepongan los honores, las magistraturas, los man­dos, el poder, la influencia a la amistad, de modo que, cuan­do estas cosas les hayan sido propuestas de una parte, el derecho de la amistad de otra, no prefieran con mucho aque­llas cosas?”.

Durante cuatro décadas experimenté -en distinto grado- los desajustes entre la política y la comunica­ción. Traté de conciliar las dos esferas de acción con rectitud y supe de antema­no que nadie puede cabal­gar el tigre sin que las rien­das le dejen aspereza en las manos. Hoy pienso que esas callosidades son nece­sarias para poder seguir ja­lando de las riendas al sal­vaje potro de la vida y ahí seguiremos sin rencor, sin odio, pero con determina­ción en la tarea de adecen­tar el campo de la política.

Mi renuncia -mediante carta fechada el 5 de abril y dirigida al profesor Fernán­dez- coincidió con el Día del Periodista y en su redacción fui consciente de que dejaba atrás el trabajo de un cuar­to de siglo dedicado a cuidar el espacio de intersección de la política con el periodismo. Atreverme a tirar del freno de mano de la historia signi­fica dar una nueva vida a lo aplazado: la pasión periodís­tica me rejuvenece y da tran­quilidad a mi espíritu.

En estos días he recibido el afecto sembrado a lo largo de las últimas décadas. Estoy conmovido por las muestras de cariño de periodistas, co­municadores, dueños de me­dios, políticos, militantes de la base del PLD, de la FP y hasta de partidos que he adversa­do; y muy agradecido por las infinitas manifestaciones de aprecio de familiares, amigos y allegados. El reconocimien­to a mi labor profesional me indica que juzgaron con bene­volencia mi decisión

Los buenos generales cuentan con una retaguar­dia confiable y en el periodis­mo también sucede lo mis­mo. Nosotros no hacemos la historia, pero ayudamos a que el progreso se abra pa­so frente al abismo. Con sa­tisfacción del deber cumpli­do.


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