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La República domingo, 29 de marzo de 2020

Análisis

Terrorismo y pandemia alteran la vida del mundo

  • Terrorismo y pandemia alteran la vida del mundo
Ruddy L. González

 En apenas 18 años y pocos meses, dos episodios han cam­biado al mundo. El primero el ata­que terrorista sin precenden­tes contra los centros de poder en Estados Unidos y el segundo la pandemia del Coronavirus, o Covid-19, que ha postrado al mundo que aterrado vive una estela de muerte y cambios de estilos de vida, en una cuaren­tena obligada.

Pandemias, epidemias, gue­rras mundiales se sucedieron a lo largo de los años, con saldos de muchos muertos, heridos y devastaciones de ciudades en­teras. Hoy, en el génesis mismo del siglo XXI, el mundo se so­bresalta entre los efectos de un terrorismo cruel y osado y una pandemia que perturba y diez­ma las sociedades de un mun­do, que aún no precisa cual se­rá su balance final.

2001: desborde del terrorismo

Los atentados contra Estados Unidos la mañana del martes 11 de septiembre de 2001 co­braron 3,016 muertos, inclu­yendo la de los 19 terroristas, y dejaron más de seis mil heridos y una nación, y el mundo, ate­rrados por la osadía.

El ataque de Al Qaeda con­tra las instalaciones financieras ubicadas en las torres gemelas de World Trade Center, en Nue­va York, el centro del poder mi­litar en el Pentágono, en Washing­ton, y el frustrado secuestro aéreo que se convertiría en otro blanco del poder norteamericano en el avión estrellado en las afueras de Shanksville, Pensilvania, esperó 10 años para ser vengada por Es­tados Unidos, con la muerte a ti­ros del líder del grupo terroris­ta, Osama Bin Laden, registrada la noche del 2 de mayo de 2011 y ejecutado por el comando de la unidad seis de los Navy Seals nor­teamericanos que lo ubicaron en un palacete en las afueras de Isla­mabad, Pakistán, donde se ocul­taba junto a parte de su familia.

La agresividad de las políticas de persecución del terrorismo que desde entonces despliegan Estados Unidos y las naciones de occidente, se hicieron todo lo rígida que hasta entonces, al punto que hoy viajar por los ae­ropuertos del mundo se ha con­vertido en una pesadilla o una gran molestia. Las garantías in­dividuales cambiaron con legis­laciones muy duras contra el te­rrorismo. Las guerras contra los grupos subversivos islámicos se hizo implacable, pero también radicalizaron la agresividad de las células terroristas que movie­ron sus ataques criminales con­tra blancos, principalmente, por toda Europa.

2020: postrados  por la pandemia

Con estadísticas que superan los 27,000 muertos y unos 500,000 afectados (cifras del viernes del Johns Hopkins Hospital, de Es­tados Unidos) la pandemia del coronavirus, o Covid-19, tiene encerrado al mundo en sus casas mientras la ‘peste’ toca las puer­tas de las naciones más poderosas con una estela de víctimas y graves daños a la economía mundial y generando cambios de hábitos y costumbres.

Espanta ver Italia (más de ocho mil muertos y 62 mil casos positivos), España (más de cinco mil muertos y 50 mil afectados), Francia (unos 1,700 muertos y sobre 23 mil contagiados) Ingla­terra (unos 800 muertos y alre­dedor de 14 mil afectados) y Es­tados Unidos (con más de 1,400 muertos y sobre 88 mil contagia­dos) sumidos en una cuarente­na, con una estela de víctimas casi incontrolable por un virus que ataca a la gente común, los más pobres, hasta las estrellas del cine y del deporte, la política mundial, los hombres de nego­cio, los millonarios y la realeza.

Y aunque empezó en una ciu­dad de provincia en el interior de China continental (3,300 muertos y con menos de cuatro mil afectados) las víctimas del coronavirus, o Covid-19, caen hasta la Patagonia, causando es­tragos sin precedentes en estos tiempos modernos donde las lu­chas por el control económico, el desarrollo  de la tecnología y las comunicaciones han reemplaza­do las guerras militares de exter­minio.

Sin una vacuna real (China, Francia, Estados Unidos anun­cian están ‘cerca’ de lograrlo) ni medicamentos de control defini­tivos, el virus va corroyendo las economías, la estabilidad produc­tiva, la vida cotidiana de las na­ciones y sus habitantes. Espanta y aterra ver Times Square desolado, Disney World cerrado, Venecia, la Fuente de Trevi o la Plaza de San Pedro sin un alma, Paris apagado, Madrid encerrado, pero lo mismo en Londres, Berlín y Washington, para solo citar algunas de las gran­des ciudades y atracciones del mundo.

También los pequeños, como RD

Otras naciones más pequeñas, como Rep ú blica Dominic ana, su fren hoy los rig ores de est a ex perien cia mundial no pre vi­sible.

Una ve i nt ena d e muer t os , más de ochocient os afectados, una c i u d ad ence r rad a en las cuatro paredes de cada uno, de cada familia, y un futu­ro incierto al término de esta pandemia, parece ser dema­siado para los dominicanos, que viven el día a día con una economía fragil, serios esco­llos en su sistema de salud y educación, con los sobresal­tos y disputas políticas, tra­tando de encaminarse hacia un desarrollo que aún ven lejos.

El país, el Estado, el Go­bierno no estaban prepara­dos –como no lo es taban los grandes, como Estados Unidos o las naciones de Europa- para los efectos de una pandemia como el co­ronavirus, o Covid-19, pero tampoco lo están para sus consecuencias.

Las autoridades, el Gobier­no, siguiendo al pie de la letra los protocolos internaciona­les dictados por las organiza­ciones de salud del mundo, han hecho todo lo posible por contener la pandemia en esta etapa de desarrollo que pare­ce indetenible.

El coronavirus ha llega­do en medio de un proceso electoral agresivo y turbu­lento, lo que provoca la in­evitable politización de la si­tuación y sobre las medidas oficiales. De ahí que mientras el Gobierno, con Danilo Me­dina a la cabeza, toma accio­nes paso a paso, de acuerdo a los protocolos, y el liderazgo de oposición –Luis Abinader y Leonel Fernández- parecen dar apoyo a las mismas, pero tanto ellos como sus acólitos producen constantes críticas, plantean ‘recomendaciones’ adicionales y endilgan erro­res y hasta propósitos políticos electorales a las disposiciones oficiales.


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