Santo Domingo 23°C/26°C thunderstorm with rain

Suscribete

ENSAYO

Epílogo del siglo XIX en la historia de la República Dominicana

Avatar del Listín Diario
Homero Luis Lajara SoláSanto Domingo, RD

“Un pueblo que no conoce su historia no puede comprender el presente ni construir el porvenir “ -Helmut Kohl-

En el 1874 llegó al poder Ignacio María González, con ideas de paz y progreso, permitiendo el regreso de los exiliados y la fundación de periódicos, hechos que constituyeron buenos augurios de libertades públicas con vientos de optimismo. Entre los exiliados que regresaron está el general Gregorio Luperón.

Ese mismo año se firmó con Haití un tratado de paz, amistad, comercio, navegación y extradición, acontecimiento que hizo realidad el primer reconocimiento oficial por parte del gobierno haitiano de la Independencia de la República Dominicana.

Pero dos años después, cuando González se negó a reconocer como deuda pública los gastos de Luperón en sus aprestos para derrocar a Báez, se produjo una insurrección que provocó la salida de González, llegando a la presidencia Ulises Francisco Espaillat, del Partido Azul. Este era un hombre liberal, interesado en la pedagogía para conformar una sociedad de personas instruidas y educadas, optimizando los recursos del Estado.

Las correctas medias de Espaillat quedaron truncadas a apenas siete meses, pues su adversario, Ignacio María González, lo sustituyó , sin siquiera tomar posesión, debido a que los rojos tenían el control, colocando a Báez por quinta vez en la Presidencia. Pero al desfalcar el erario, fue depuesto en marzo del 1878, huyendo al exilio esta vez para siempre.

En medio de la inestabilidad política causada por el mar de fondo dejado por Báez, el 1 de octubre de 1879, Luperón asumió la Presidencia provisional, controlando la situación y reforzando la preeminencia de los azules hasta finales del Siglo 19.

Como Luperón quiso gobernar desde Puerto Plata, donde tenía el control directo de las aduanas, designó a su ministro de Guerra y Marina, general Ulises Heureaux (Lilís) como delegado político en la capital, creando así las condiciones para iniciar la consolidación de Lilís,

Después de que Luperón estableció el período presidencial por dos años, previa reforma constitucional, fue electo el sacerdote Fernando Arturo de Meriño, quien de inmediato nombró a Lilís como ministro de Interior y promulgó el decreto conocido como de “San Fernando”, el cual disponía el fusilamiento para todo aquel que enfrentara al gobierno con armas.

A pesar de que en el mandato de Meriño se usó la fuerza, este fomentó la educación, incentivando con un 25 % de anticipo del valor del costo de la impresión a todo el que escribiera sobre temas literarios o científicos y un subsidio de 40 pesos mensuales a los periódicos. También desarrolló la industria agrícola, principalmente la caña de azúcar.

Con la complacencia de Luperón y Meriño, el 6 de enero de 1882, el general Ulises Heureaux, se juramentó como Presidente por dos años, con el mismo estilo de los azules, atrayendo a los rojos, pero ya con Báez fuera del escenario.

En las elecciones del 1884, Lilís dejó el gobierno; y su mentor, Luperón, apoyó a Segundo Imbert, mientras Lilís apoyaba a Francisco Gregorio Billini, violando los principios de lealtad y la línea de partido. Este desacuerdo originó la división y caída del Partido Azul. En ese proceso, Luperón afirmó que hubo fraude electoral a favor de Billini y se marchó para Europa.

En el gobierno de Billini, Lilís no ocupó ningún cargo, pero ejerció mucha influencia sobre el Presidente. Pero su mandato fue efímero, de apenas ocho meses, ya que renunció decepcionado de la política, y fiel a sus principios manifestó: “Desciende mi personalidad vana y efímera, para elevarse la República grande e inmortal “.

Después de la renuncia de Billini, asumió el vicepresidente Alejandro Woss y Gil, del círculo íntimo de Heureaux. Bajo ese escenario tuvieron efecto las elecciones en 1886, con Heureaux y Casimiro N. De Moya como candidatos, ambos del Partido Azul. Al “ganar” Lilís, Moya alegó fraude, produciéndose una cruenta guerra civil (Revolución de Moya), en la cual Luperón apoyó a Heureaux, quien a base de terror y compra de opositores se juramentó en 1887.

Los gastos de la Revolución de Moya y el uso de recursos en espionaje vaciaron las arcas del Estado, trayendo como resultado que en el 1888 se tomara un préstamo a la compañía holandesa Westendorp, con las recaudaciones aduanales como garantías. Este préstamo fue por la cantidad de $770 mil libras esterlinas, pero del mismo se tuvieron que erogar $142,810 para el pago de la pasada deuda de la Hartmont, además de altas comisiones y gastos operacionales.

En ese año de 1888, se modificó la Constitución para ampliar el período presidencial a cuatro años. Lilís fue enfrentado en esos comicios por el mismo Luperón, pero parece que ya era tarde, pues el uso de los recursos del Estado y una campaña de terror, obligaron a Luperón a retirar su candidatura e irse para Saint Thomas. Con este episodio se selló la caída del Partido Azul.

Sin embargo, ese gobierno auspició el desarrollo de la agricultura de exportación (tabaco, café y cacao), instaló la luz eléctrica, dos líneas de ferrocarril, un cable submarino que nos conectó con EE.UU. y Europa y creó el ministerio de Correos y Telégrafos.

En el 1892, Heureaux derrotó en las elecciones a Eugenio Generoso de Marchena, quien disgustado por lo oscuro del proceso intentó un boicot económico con un banco extranjero, por lo que Lilís dispuso su fusilamiento.

La Westendorp quebró y vendió a la Santo Domingo Improvement Company, y ya en 1899 la deuda rondaba los 29 millones de pesos. Y en medio de conspiraciones y la quiebra de la nación, Lilís fue ajusticiado ese año, el 26 de julio en Moca, por Jacobito de Lara, Ramón Cáceres y Horacio Vásquez.

Así finaliza el siglo 19, caracterizado por un mal político de corrupción, traiciones, sobornos y chantajes, encabezado por varios presidentes intolerantes, improvisados y ambiciosos al mando del buque de la nación. Es así como podemos ser testigos de una historia cíclica, que estamos obligados a conocer para poder vernos en el espejo de tantos errores que aún se pueden evitar.

El autor es miembro fundador de Círculo Delta. Correo: fuerzadelta @gmail.com