CONFERENCIA DEL EPISCOPADO DOMINICANO

Carta Pastoral día de La Altagracia

“Discípulo misionero: Con cristo, pon en alto tus valores culturales” INTRODUCCION.“Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea; allí estaba la madre de Jesús. También Jesús y sus discípulos estaban invitados” (Jn 2,2)En la escuela de María. 1. Como cada año con motivo de la festividad de Nuestra Señora de la Altagracia, ponemos, en estos días del mes de enero, en manos del pueblo dominicano, nuestra Carta Pastoral que quiere ser una palabra de aliento y ánimo para todos, muy especialmente para quienes se sienten abatidos y desesperanzados. Como pastores del pueblo de Dios, que nos ha sido confiado, estamos llamados a iluminar los acontecimientos de la vida con la luz de Cristo para que nuestro pueblo “en él” tenga vida en plenitud y para alentar a todos los bautizados como discípulos misioneros a ser sal y luz de nuestra sociedad. 2. Siguiendo la invitación del Papa Benedicto XVI, queremos permanecer en la escuela de María. Por eso en esta Carta Pastoral nos inspiraremos en el relato de “Las Bodas en Caná de Galilea”, en el que contemplamos a Jesús y a María realizando la voluntad de Dios en su contexto cultural. Desde esta experiencia, con María, contemplaremos la realidad de nuestro pueblo, escucharemos lo que Jesús, su Hijo, nos dice, y pondremos en práctica su mandato, para que en nuestro pueblo germinen discípulos misioneros que, poniendo en alto sus valores culturales, lleven el Evangelio a cada persona y a todos los rincones de nuestro país. En comunión y sintonía con la Iglesia Latinoamericana y del Caribe.3. Muchos acontecimientos marcan la hora presente. Uno de los más significativos para la vida de la Iglesia ha sido, y es, la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en Aparecida, Brasil, en mayo del 2007. El documento conclusivo de este encuentro ya está en nuestras manos y debe ser estudiado y reflexionado por todas nuestras comunidades, agentes de pastoral, asociaciones y movimientos para asumir el “espíritu de Aparecida” de manera que pueda ser convertido en práctica pastoral en todo nuestro territorio. 4. El contenido de Aparecida refresca y reafirma nuestro proceso de fe personal y comunitaria, ya que nos señala un itinerario de evangelización dentro de un amplio proyecto de misión continental, que pone a toda la Iglesia en estado permanente de misión. Nos alegra constatar que nuestro III Plan de Pastoral, que “pretende ser una experiencia de discipulado, (Ö) de la animación, formación y articulación de las comunidades y de sus agentes de pastoral (Ö), sintoniza plenamente con este “espíritu de Aparecida”. Él nos iluminará en la tarea, que nos proponemos de elaborar planes diocesanos y nacionales de discipulado y de misión, de modo que englobe todo el ser y el quehacer de las Iglesias Locales, que involucre a todos e incluya todo lo que es la Iglesia”. Acción de gracias por 25 años de los Encuentros Nacionales de Pastoral.5. La Celebración de los 25 años de los Encuentros Nacionales de Pastoral de nuestra Iglesia nos lleva a dar gracias a Dios Padre, que nos ha “elegido en la persona de Cristo para ser santos e irreprochables ante él por el amor”. A través de ellos nuestra Iglesia ha recorrido un largo camino de comunión, de discernimiento y oración, de reflexión y programación, que nos ha ayudado a crecer como hermanos. Juntos nos hemos ayudado, corregido, orientado y animado. Ha sido un “ejercicio de colegialidad” que ha permitido consolidar en nosotros el sentido de pertenencia a la Iglesia y la fraternidad. Su fruto ha sido la elaboración y seguimiento de nuestros tres Planes Nacionales de Pastoral. Por este gran don damos gracias al Padre; gracias por las personas que han dado su vida para que este proyecto creciera cada día; y gracias por el compromiso evangelizador que ha suscitado en nuestra Iglesia en la República Dominicana. Con María, “la llena de gracia”, podemos decir: “el poderoso ha hecho obras grandes” en nuestra Iglesia. En este documento usaremos el método de ver, juzgar y actuar. 1.- VER: EL HOY DE NUESTRA CULTURA.Se acabó el vino y la madre de Jesús le dice: “No tienen vino” (Jn 2,3). 6. Como María, que en las bodas en Caná supo estar atenta y descubrir la necesidad del momento, así nosotros, como Iglesia, abrimos los ojos a nuestra realidad. 1.1. Grandes y acelerados cambios: Retos y oportunidades. 7. Vivimos en una época nueva, en un tiempo nuevo gestado por cambios acelerados y profundos, suscitados en todos los ámbitos de nuestra realidad. Han emergido nuevas situaciones familiares; una nueva mentalidad se impone día a día en los ciudadanos; nuevos valores y contravalores marcan la realidad del momento, dando paso, en definitiva, a una nueva sociedad y cultura. 8. Este fenómeno, que todos conocemos ya como “globalización”, nos abre a infinitas oportunidades, pero también nos plantea grandes retos y desafíos que deben ser iluminados desde la ética del Evangelio anunciado por Jesús de Nazaret. 9. Como signos positivos del tiempo presente percibimos la sed de Dios de muchas personas católicas y de otras denominaciones cristianas, que con sinceridad de corazón expresan su fe en su compromiso y testimonio personal y comunitario, así como en la religiosidad popular. A su vez, la confianza del pueblo e instituciones de la sociedad en la Iglesia nos comprometen aún más en la tarea de ser discípulos misioneros, que trabajan por el bien común. Las recientes tormentas Noel y Olga han puesto de manifiesto la vitalidad de los creyentes de nuestras comunidades con su rápida respuesta solidaria para auxiliar a las víctimas de estas tragedias. Esta solidaridad es una de las expresiones del vino nuevo que necesita nuestro tiempo. 10. A nivel social, en nuestro país, este tiempo nuevo se hace visible de manera significativa en el acceso a la información y a las tecnologías, que abren las puertas a nuevas formas de convivencia social y relaciones que nos deberían llevar al crecimiento y desarrollo sostenible como sociedad, como pueblo. Crece la conciencia democrática entre los dominicanos; la necesidad de una mayor participación de los ciudadanos en el ejercicio de la acción política; y la toma de conciencia sobre la importancia y la necesidad de preservar la parte del planeta que Dios ha puesto bajo la administración y responsabilidad de todos los dominicanos así como el fortalecimiento de algunas de nuestras instituciones políticas y sociales. 1.2 Una Iglesia dinámica y en crecimiento.11. Nos llena de alegría la disponibilidad, entusiasmo e integración del Pueblo de Dios en la aplicación del Plan de Pastoral. Para nosotros, los obispos, y también para los presbíteros, diáconos, consagrados y laicos, este tiempo es un “kairós”, es decir, un tiempo oportuno de gracia y bendición, que surge del soplo del Espíritu Santo en la Iglesia. Nuevas asociaciones, movimientos y comunidades eclesiales, como también nuevas formas de organización y participación, así los equipos arquidiocesanos, diocesanos, zonales y parroquiales de animación pastoral y de redacción, la sectorización y la red de mensajeros, son algunas muestras visibles de la eficacia de este “kairós”. 12. También nos llena de optimismo el hecho de que una formación más estructurada y sistemática llega con mayor amplitud al pueblo de Dios a través de las comisiones nacionales, diocesanas y parroquiales. Nos llena de esperanza también la preocupación de todas las asociaciones, movimientos y nuevas comunidades laicales, que están abriendo espacios de formación respondiendo a esta realidad nueva y a sus desafíos. 1.3 Una vida precaria y amenazada: viejos y grandes males. Una realidad ambigua y contradictoria que nos interpela.13. También en nuestra sociedad falta “el vino” que anime la esperanza de aquellos a quienes esta nueva época ha convertido en insignificantes y que a todos nos ayude a transitar, también de manera nueva, los caminos del Evangelio, porque estos de ahora son tiempos de audacia para la fe. 14. Aunque es nueva la época que vivimos, persisten, no obstante, entre nosotros males como la corrupción, el clientelismo político, el populismo, que parecen ancestrales. Persisten las injusticias, que lejos de menguar, parecieran crecer y tomar nuevos rostros en el tráfico y consumo de drogas, la violencia y la delincuencia. Además, pese a los signos de una bonanza y crecimiento económicos, es evidente el agrandamiento de la pobreza, la marginalidad, la carencia y deterioro de los servicios básicos, la falta de políticas públicas claras, como se ha puesto en evidencia tras el paso de las tormentas Noel y Olga, que llenaron el país de luto y destrucción. Persisten los signos de contradicción.15. Con honda preocupación de pastores que miran compasivamente a su grey, observamos que en nuestro país se da un proceso acelerado de transculturación que trae consigo una perniciosa pérdida de los valores que nos destruyen como pueblo. El nuevo discurso de la modernidad trae consigo nuevas perversidades para instituciones como el matrimonio y la familia, particularmente el fomento de una cultura antivida. También, la difusión del secularismo, especialmente en modelos de conducta, reñidos con nuestra cultura cristiana, que consecuentemente dejan al individuo a merced del consumismo, la explotación, la inseguridad, el anonimato, el libertinaje y el relativismo moral. Lo que se deriva de todo esto es una enorme ambigüedad y confusión, que genera crisis de valores, debilitamiento de las instituciones y deterioro de la identidad social. 16. Se debe adoptar una postura crítica. Es necesario hacer un ejercicio de resistencia. El pluralismo de orden cultural y religioso, propagado fuertemente por una cultura globalizada, debe ser cuidadosamente analizado, pues corre el peligro de erigir el individualismo en característica dominante y diferenciadora de la actual sociedad, y responsable del relativismo ético y de la crisis de la familia. Esto es del todo inaceptable para nosotros los cristianos. En la Iglesia.17. Con preocupación y humildad detectamos en la Iglesia realidades sombrías entre las que caben destacarse: la tímida acogida y motivación de algunos presbíteros en lo referente al Plan de Pastoral y a la renovación que el mismo demanda; la insuficiente formación y capacitación de los agentes de pastoral de todo el pueblo de Dios; la desvinculación de algunas asociaciones laicales y movimientos apostólicos. Nos preguntamos, como pastores y como Iglesia, ¿Somos conscientes del momento que vivimos? ¿La Planeación pastoral de nuestras diócesis y parroquias y de nuestros servicios pastorales y asociaciones laicales, tiene en cuenta esta realidad e intenta responder a ella?. Es éste el gran reto para nuestra Iglesia. 2.- JUZGAR: LLAMADOS POR EL SEóOR.“hagan lo que él les diga” (Jn 2,5).18. Siguiendo la escuela de María, descubrimos que ella, ante la carencia de vino en la boda, recurre a su hijo Jesucristo para que haga algo al respecto. En El, encuentra la respuesta, que la lleva a decir: “hagan lo que él les diga”. 19. En esta misma línea, el documento de Aparecida nos invita a recomenzar desde Cristo, “Camino, Verdad y Vida”, fortaleciendo nuestra identidad de discípulos misioneros en el momento presente. 20. Es lo que nos proponemos con nuestro Plan Nacional de Pastoral, cuya idea fuerza nos convoca a centrarnos en Jesucristo en un proceso permanente de evangelización. En esta Carta Pastoral permítannos considerar algunos puntos relevantes, que Jesús nos propone. 2.1. Jesús nos llama a la santidad: La identidad del discípulo misionero.21. Jesús nos llama a estar con él, a seguirle como discípulos, a compartir su ministerio de proclamación del Reino de Dios. El objeto principal de Jesús, al llamar a los discípulos, era enseñarles a experimentar y proclamar el Reino de Dios. “Hagan lo que él les diga” nos identifica y nos une con la voluntad de Jesús. Cuando nos identificamos con su voluntad estamos en el camino de la santidad. 22. La Idea Fuerza de nuestro III Plan Nacional de Pastoral nos recuerda que estamos convocados “a la santidad”. Todo el Pueblo de Dios está llamado a ella. La santidad expresa los valores del Reino y promueve la justicia y la solidaridad, especialmente con los más pobres. Es así como nuestra santidad se hace transformadora de la sociedad. 23. Nuestro modelo de santidad es Jesús. Estamos llamados a seguirlo, vivir en intimidad con Él, imitar su ejemplo y dar testimonio13. Iluminados por el Espíritu Santo y animados por los pastores de la Iglesia, con espíritu misionero, hemos de sentirnos responsables, dar testimonio de la fe, personal y comunitariamente; hemos de vivir en diálogo y buscar el consenso, practicar la justicia, ser acogedores y fraternos y procurar el bien común. 24. El llamado a la santidad nos mueve a celebrar la fe, en comunión y participación, en una pastoral orgánica, que integra la diversidad de carismas y ministerios, y así llegar a gozar de la plenitud del amor en el Reino de Dios. 25. Como expresión de esa vida nueva de la gracia, nuestro Modelo Ideal de Iglesia en la República Dominicana nos anima a asumir nuestra condición de bautizados y a hacernos corresponsables, cada uno desde su ámbito de compromiso y vocación específica, de la obra evangelizadora14. El documento de Aparecida nos alienta a reconocernos todos, primero, como discípulos misioneros del Señor. 26. Los distintos ministerios y servicios. así entendidos, son tareas complementarias y necesarias para el crecimiento y bien de la Iglesia. En este sentido animamos a que se dé importancia especial a la formación y a la espiritualidad de los agentes de pastoral como forma realista y eficaz para realizar la corresponsabilidad. He aquí nuestro camino común hacia la santidad. 2.2. Jesús nos llama a la comunión.27. La escena de las Bodas en Caná nos ilumina. Una boda es una fiesta, donde se celebra la comunión de dos personas, hombre y mujer, que se aman. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta el ideal de vida comunitaria: “una sola alma y un solo corazón”. Es el propio Jesús quien nos invita a mantenernos unidos “para que el mundo crea que tú me has enviado”. Es nuestra vocación primera: “La vocación al discipulado misionero es convocación a la comunión en su Iglesia”. 28. Nuestro Modelo Ideal de Iglesia en la República Dominicana lo concretiza de una manera muy realista cuando propone como objetivo de la primera etapa de nuestro itinerario evangelizador, que seamos “un pueblo organizado en familias, grupos de vida y comunidades”. 2.3. Jesús nos llama a la misión.Por el bautismo y la confirmación: llamados a ser discípulos misioneros.29. Por estos sacramentos estamos consagrados a Cristo y revestidos de El para construir el templo espiritual como “piedras vivas” y edificar el nuevo Pueblo de Dios. El mandato del Señor “vayan y proclamen” concierne a todos los bautizados y confirmados, ya que por estos sacramentos todos hemos sido constituidos discípulos misioneros. Discípulos misioneros: dos caras de la misma medalla.30. Urge, desde nuestra realidad actual y siguiendo nuestro itinerario de evangelización, que el Pueblo de Dios y sus agentes sean formados para realizar responsablemente con eficacia y audacia esta tarea22. La formación para la misión ha de ser integral y sistemática, sabiendo además que: “El discípulo se siente impulsado a llevar la Buena Nueva de la salvación a sus hermanos. Discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla”. Formados por el Pan de la Palabra y sostenidos por el Pan de la Eucaristía. 31. El itinerario de Evangelización y la tarea de la misión, a la que nos lanza el Documento de Aparecida, exige que anclemos nuestro esfuerzo en una sólida formación bíblica. Sólo desde el Pan de la Palabra podemos iluminar y discernir la realidad y sus retos; y encontrar alternativas de vida a la luz de los valores del Evangelio. La Eucaristía, a su vez, sostendrá al pueblo en su lucha como alimento espiritual que renueva nuestras fuerzas en este largo camino. De este encuentro con Cristo en la Eucaristía surge el compromiso evangelizador de servicio a favor de los necesitados. La Eucaristía “despierta en el cristiano el fuerte deseo de anunciar el Evangelio y testimoniarlo en la sociedad para que sea más justa y humana”. 3. ACTUAR: EN ESTADO PERMANENTE DE MISION.“Jesús le dice: Llenen de agua las tinajas. Las llenaron hasta el borde (Ö) Ahora saquen un poco y llévenlo al encargado del banquete para que lo pruebe “ (Jn 7-8). 32. Al igual que en el relato de “las Bodas de Caná”, en el que los sirvientes hacen lo que Jesús les dice, llenando las tinajas de agua y llevándolas al encargado de la fiesta, así nosotros hoy asumimos su Palabra y hacemos lo que El nos dice para que nuestro esfuerzo, por su gracia, sea transformado en vida y alegría para nuestro pueblo. 3.1. Una mirada esperanzadora del futuro: gestar una nueva cultura para los nuevos tiempos. 33. Como Jesús a su Madre, podemos nosotros preguntar: “¿Qué quieres de mí, mujer? Aún no ha llegado mi hora”. No es una pregunta evasiva de la realidad. Hace referencia a la hora de la gloria. Es nuestra responsabilidad, como creyentes en esta hora de nuestra historia, lograr que los valores del Reino de Dios sean levadura en el proceso de gestación del nuevo modelo cultural. Recordemos las palabras de San Agustín: “Nosotros somos los tiempos. Como nosotros seamos, así serán los tiempos”. Es la hora del Espíritu, es el vino nuevo, que nos ayudará a transformar nuestras vidas y nuestra sociedad. Pero este vino nuevo requiere odres nuevos para que ni se malogre ni pierda valor. 34. Por todo ello, a pesar de las dificultades del momento, mantenemos una actitud positiva, confiada, comprometida que, como discípulos misioneros, nos anima y empuja a ser no sólo un país de esperanza, sino donde también se viva el amor. La Iglesia defensora de los pobres y defensora de la justicia. 35. En esa tarea, en fidelidad al Evangelio y en comunión con la Iglesia latinoamericana y del Caribe, renovamos nuestra opción preferencial por los pobres. Como nos ha dicho el Papa: “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica, en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (Cf. 2Cor 8,9)”. Como pastores del pueblo dominicano asumimos, como parte de nuestra tarea, velar porque las autoridades competentes elaboren leyes públicas concordes con la ética humanista y del Evangelio. Nos comprometemos a colaborar con el desarrollo integral de nuestro pueblo, especialmente de niños, adolescentes y jóvenes, para ser signo visible del Reino de Dios. Entendemos que es “necesario presentar la persona humana como el centro de toda la vida social y cultural, resaltando en ella: la dignidad de ser imagen y semejanza de Dios, y la vocación a ser hijos en el Hijo, llamados a compartir su vida por toda la eternidad”. Para construir desde los valores del Evangelio la cultura del amor y de la vida. 36. Todo esto exige de nosotros un renovado esfuerzo en ámbitos como la educación y la formación de la conciencia ciudadanas de manera que se fundamenten con solidez los cimientos de una nueva patria. Se requerirán nuevos procesos educativos, que formen en valores para el tiempo nuevo, principalmente en las nuevas generaciones, y que alimenten la esperanza de que ese tiempo nuevo sea también bueno y propicio para todo el pueblo dominicano. 37. Es importante resaltar la responsabilidad histórica de los laicos de hacer presentes los valores del Evangelio en los nuevos areópagos donde hoy se fragua la cultura moderna. Animamos a los laicos, hombres y mujeres de nuestro pueblo, discípulos misioneros todos, a asumir, con vocación abnegada y en coherencia con sus convicciones éticas, la responsabilidad de llevar la luz del Evangelio a las distintas instancias de la vida pública. La carencia de laicos comprometidos en el mundo con fe sólida y probada se convierte, a la larga, en una rémora para el desarrollo humano e integral y para la construcción de una Patria Nueva para todos. Realzar los valores que fortalecen nuestra identidad y conciencia de dominicanos. 38. El lema de este año 2008: “Discípulo misionero: con Cristo, pon en alto tus valores culturales”, nos compromete a reconocer los valores del Evangelio, ya presentes en nuestra cultura dominicana. Estos valores nos permiten realizar nuestra misión evangelizadora, como fermento de una sociedad justa y fraterna que se va fraguando, con la fuerza del Espíritu, nueva cada día. Para resaltar estos valores culturales dominicanos es preciso que todos los descubramos primero y que juntos los propaguemos con los medios disponibles, siguiendo las estrategias propias del Plan Nacional de Pastoral. 39. Sabemos que la cultura representa el modo particular con el cual las personas y los pueblos cultivan su relación con la naturaleza y con sus hermanos, con ellos mismos y con Dios, a fin de lograr una existencia plenamente humana. 40. Es importante para todos comprender que “La fe sólo es adecuadamente profesada, entendida y vivida, cuando penetra profundamente en el substrato cultural de un pueblo.”. Ahora bien, la fe cristiana nos muestra a Jesucristo como la verdad plena. que da sentido a la vida del ser humano. En el contexto de una cultura, donde abundan las señales de muerte, se nos exige hoy coraje, espíritu y audacia proféticos para que, desde el anuncio integral del Evangelio, podamos construir una cultura cristiana de la solidaridad, de la fraternidad, de la paz y de la comunión. Éste es un imperativo que nos interpela a todos. El anuncio del Evangelio no puede prescindir de la cultura actual. Ésta debe ser conocida, evaluada, aprovechada y corregida. En definitiva, asumida por la Iglesia. La fe, por su parte, deberá engendrar modelos culturales alternativos para la sociedad actual. 41. Debemos valorar el gran tesoro y riqueza espiritual, expresada en la religiosidad popular dominicana, que ha promovido el fervor y ha animado la fe de nuestro pueblo. De esa experiencia hemos de aprender y, a la vez, debemos iluminarla para lograr un verdadero proceso de inculturación de la fe, que nos ayude, en nuestro crecimiento espiritual, como personas y como pueblo. 42. De ahí la importancia de que todos los agentes de pastoral y fieles en general asumamos con entusiasmo y decisión nuestro lema del año: “Discípulos misioneros, con Cristo, pon en alto tus valores culturales”. 3.2. En el camino del Tercer Plan nacional de Pastoral. Itinerario de Evangelización: un nuevo impulso. 43. La Iglesia en la República Dominicana, con el itinerario de Evangelización del III Plan Nacional de Pastoral, asume el llamado a la Misión que hace el Documento de Aparecida. La pastoral de multitudes es un medio adecuado para ello. 44. Es una buena ocasión para despertar a nuestra Iglesia, y debe ser un momento fuerte de animación pastoral. Lo estamos comprobando con la implementación del Plan. Pero no hemos de dormirnos en lo alcanzado. Hay que profundizar y darle seguimiento a este Plan. El Instituto Nacional de Pastoral, los Vicarios de Pastoral y los párrocos con sus equipos de animación pastoral deben seguir asumiendo, con entusiasmo, valentía y generosidad, este propósito. Renovación de las estructuras comunitarias, parroquiales y diocesanas. 45. El Modelo Ideal de Iglesia nos indica múltiples espacios para la vivencia de la comunión: familias, pequeñas, comunidades eclesiales y otros tipos de comunidades de vida, sectores, distritos parroquiales, parroquias, zonas pastorales y las diócesis. De igual manera los consejos comunitarios, parroquiales y diocesanos y los equipos y servicios pastorales en cada uno de los niveles. Todos ellos son formas concretas para hacer efectiva la participación y el ejercicio de la corresponsabilidad. A la vez, son un reto para la vivencia del ideal de vida cristiana, expresada en el libro de los Hechos de los Apóstoles. 46. De una manera especial queremos motivar y animar el trabajo que se realiza en las parroquias, no siempre teniendo los medios suficientes y adecuados. Pedimos a los agentes que no desmayen en su esfuerzo para que ellas, las parroquias, lleguen a ser “casa y escuela de comunión”. No nos cansamos de insistir en la obligatoriedad de establecer pequeñas comunidades eclesiales, que, junto al proceso de sectorización, son elementos claves para lograrlo. Renovación de los dinamismos pastorales: Comunión en la Iglesia y reconstrucción del tejido social. 47. El documento de Aparecida nos dice que: “La comunión es misionera y la misión es para la comunión”. Nuestro III Plan Nacional de Pastoral nos anima a construir la comunión como Iglesia; y a ser instrumentos de comunión al servicio del Pueblo Dominicano. Por eso el objetivo general de la primera etapa de nuestro Plan dice: “El Pueblo de Dios que peregrina en la República Dominicana, está organizado en familias, grupos de vida y comunidades, aceptando y valorando su identidad y sensibilizando a la fraternidad y a la solidaridad, para ser signo del Reino de Dios”. 48. Todo eso se hace visible en la vivencia de una serie de valores, que marcan la vida y el dinamismo de parroquias y comunidades en este momento y que han quedado plasmados en nuestro objetivo de esta primera fase del Plan. “El Pueblo de Dios que peregrina en la República Dominicana, acepta y valora su identidad, creciendo en su autoestima, sensibilizándose a la acogida y realzando sus valores culturales, para ser signo del Reino de Dios”. 49. Es necesario que todos reavivemos la experiencia de la fe y la espiritualidad católica, para que. como Iglesia que peregrina en la República Dominicana, desde el encuentro personal y comunitario con Jesucristo, y con la disponibilidad, entusiasmo e integración de sus discípulos misioneros, en estado de misión permanente, asumamos, como meta, realzar nuestros valores culturales; continuar el proceso de formación estructurado y sistemático del itinerario de Evangelización; capacitar a los agentes a nivel teológico-pastoral; y consolidar las diferentes estructuras pastorales. 50. Motivamos desde aquí, especialmente a los presbíteros, diáconos, consagrados, consagradas y a los movimientos y asociaciones laicales, a la aplicación del Plan de Pastoral de la Iglesia en la República Dominicana, promoviendo el valor y el lema del mes en los diferentes espacios sociales y eclesiales, especialmente a través de los medios de comunicación social. 51. De ahí la importancia que tiene el proceso a seguir para la aplicación del Plan: sectorización del equipo de coordinación del sector para llegar a todos; la red de mensajeros; la carta mensual del párroco a su comunidad; el equipo de redacción de la carta mensual; la realización de la acción significativa en las familias, en el sector y con los destinatarios de las diferentes Comisiones Pastorales; y el estudio por grupos en los sectores del tema del mes. Especial valoración hacemos de la celebración eucarística dominical, en la que se celebra el valor del mes unido a la Palabra del Domingo. 52. También, hay que resaltar: la importancia del trabajo de las Comisiones de pastoral a nivel nacional y diocesano que, realizando lo específico de su área, asume el valor del año, y de cada mes; la promoción del lema por medio de cartelones, afiches, cruzacalles y calcomanías con el valor del mes; la organización del Equipo de Animación Pastoral en cada nivel; la vivencia de la espiritualidad de comunión por medio de los retiros de Espiritualidad de Comunión y los talleres de formación de equipos. Es nuestro aporte a la reconstrucción del tejido social y animamos a todos a seguir por este camino con un esfuerzo sostenido. 53. Con los obispos en Aparecida estamos convencidos de que esta propuesta es fuente de renovación de la acción pastoral y que el llamado a la misión debe ser punto de partida para el proceso de Evangelización en nuestro país. 3.3. Renovación de los dinamismos pastorales para llegar a los bautizados alejados. “Vayan más bien a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”. 54. El lema del año pasado: “Discípulo del Señor acoge al cercano y busca al lejano”, no debe olvidarse ni engavetarse. Nos recuerda que el primer trabajo en este esfuerzo renovador y de la misión en nuestro país ha de ser buscar a los católicos fríos y alejados. No son alejados por la distancia sino porque muchos han perdido la capacidad de entusiasmar sus vidas con la Buena Noticia del Evangelio. 55. Hemos de salir de nuestras iglesias y capillas, de nuestras oficinas, de nuestras seguridades y comodidades y llegar a ellos, a sus vidas, a sus corazones y decisiones para que redescubran a Cristo, “el Señor” de sus vidas, único “Camino Verdad y Vida”, para que en El tengan “vida y vida en abundancia”. 56. Hemos de salir al encuentro de la oveja perdida, y hacerle saber que ésta es su casa. Lo hemos de hacer con entusiasmo, con creatividad, con alegría, con espíritu fraterno y con audacia, especialmente en los ambientes difíciles y conflictivos de nuestros barrios emergentes y de nuestros campos desolados, también en los barrios residenciales, donde los muros de seguridad aíslan de la fraternidad y ocultan una gran soledad. “Acoge al cercano y busca al lejano” nos empuja a ser una Iglesia abierta, sensible, que tiende la mano, que se hace como Pablo: “todo para todos, aunque sea para salvar por lo menos a algunos”. Llevar al reencuentro con Jesús desde una experiencia vital: La Iniciación Cristiana. 57. La mejor manera de animar a los alejados para el “re-encuentro con Cristo” es el camino de la iniciación cristiana. Lo decíamos en la Carta Pastoral del 2007 y lo retomamos de nuevo aquí: “Invitamos a todo el Pueblo de Dios a realizar un proceso de iniciación cristiana y de formación permanente, que propicie el primer encuentro con Jesucristo y desemboque en la edificación de una comunidad cristiana madura, que genere los servidores, misioneros y misioneras, que requiere el mundo de hoy para su transformación”. 58. El proceso de iniciación cristiana debe partir del anuncio del Kerigma; introducir en el catecumenado, siguiendo cuidadosamente el Rito de Iniciación Cristiana de Adultos. Es importante que toda la comunidad eclesial, desde el fervor y el entusiasmo, se sienta sujeto de este proceso de evangelización. Por eso “debemos ofrecer a nuestros catequistas de adultos una adecuada formación, que les capacite en el acompañamiento a los catecúmenos y en su integración a la comunidad”. 59. La Lectio Divina o la Lectura Orante de la Palabra recobra un especial y singular valor, en el camino de formación y maduración en la fe de los discípulos misioneros. Con la atracción del amor. 60. Hay que tener sumo cuidado para que el esfuerzo. que se realiza, respete a cada persona en su conciencia y dignidad. El Evangelio no ha de ser impuesto sino propuesto, con la persuasión que nace de la verdad y del amor. Recordemos que ya en el documento de Puebla la Iglesia se comprometía a anunciar: La verdad sobre Jesucristo, el Hombre y la Iglesia para que el hombre alcance su plenitud: “y conocerán la verdad y la verdad les hará libres”. 61. Rechazamos toda forma de proselitismo que manipule y violente las conciencias de las personas. Animamos a que todos y especialmente las asociaciones laicales, revisen en conciencia sus programas y actividades para el primer anuncio (Kerigma). Hemos de llevar a los hermanos a que descubran el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y a permanecer en él45. Como nos ha dicho el Papa Benedicto XVI: La Iglesia no hace proselitismo. Crece mucho más por “atracción”: como Cristo “atrae todo a sí” con la fuerza de su amor, que culminó en el sacrificio de la Cruz”. CONCLUSION.“has dejado el mejor vino para el final” (Jn. 2,10). Invitados a la “Fiesta de Bodas” 62. “Les falta el vino”, le dice María a Jesús47. Hay muchas situaciones de la realidad dominicana que necesitan del Espíritu del Señor para ser transformadas y convertirse en motivo de alegría, de fiesta. En este contexto que hemos descrito, con señales que nos desalientan y con otras que nos dan esperanza, hemos de sentirnos invitados a la fiesta del Reino. Nosotros, al igual que María, figura de la humanidad nueva. Como Jesús y sus discípulos, estamos invitados a la fiesta de bodas. Por ello, hemos de asumir de forma decidida y valiente esta realidad que muchas veces nos agobia y de la que tantas y tantas veces nos quejamos, intentando culpar a otros. “Todavía no es mi hora”, no ha de ser entendido como un escape de nuestra responsabilidad, sino como una forma de situarnos en tensión escatológica, para que la dicha de compartir la vida en fraternidad y en la sencillez de lo cotidiano llegue a su plenitud cuando Dios sea “todo en todos”. Nos queda a todos la tarea de hacer que el “vino mejor” llegue a todos y anime la fiesta de la vida de nuestro pueblo. 63. Para estar en el banquete hemos de tener puesto nuestro “traje de fiesta”, que no es otro que el del amor, como Jesús, que con humildad se abaja52 para servir. Es ésta la única forma grata a Dios de vivir los valores del evangelio en nuestra cultura. “Los cristianos, con los talentos que han recibido, talentos apropiados, deberán ser creativos en sus campos de actuación: el mundo de la cultura, de la política, de la opinión pública, del arte y de la ciencia”. Llamados a ser signos creíbles que provoquen la fe. 64. El testimonio transparente de nuestra vida, nuestra fe y nuestra acción evangelizadora deben llevar la fuerza de la persuasión que seduce y atrae. Para ello no necesitamos signos espectaculares; hemos de ser el granito de mostaza, la levadura que fermenta la masa. Basta con que cada uno de nosotros haga lo que tiene que hacer, y lo haga bien, con honestidad y apegado a las verdades evangélicas que la Iglesia ha pregonado por siglos en nuestras comunidades, que se quiere retomar en nuestro III Plan de Pastoral. Por eso, siguiendo el Documento de Aparecida, nos comprometemos a: 65. “Ser una Iglesia viva, fiel y creíble que se alimenta en la Palabra de Dios y en la Eucaristía”; que vive con convicción y alegría su condición de discípulo misionero. Una iglesia que forma comunidades vivas ministeriales, fraternas, que impulsen la acción misionera, desde la diversidad de carismas, en espíritu de comunión. 66. Asumimos la tarea de: “promover un laicado maduro, corresponsable con la misión de anunciar y hacer visible el Reino de Dios”. Adquiere en este sentido especial relieve la participación activa de la mujer en la sociedad y en la Iglesia; y el acompañamiento a los jóvenes en su formación y búsqueda de identidad, vocación y misión. 67. Vemos urgente, “la necesidad de mantener con renovado esfuerzo nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres”. El fortalecimiento audaz de la pastoral de la familia y de la vida, el cuidado de la creación, trabajar con espíritu ecuménico con todas las personas de buena voluntad en la construcción del Reino, son algunas de las tareas más urgentes que la realidad actual demanda de los cristianos. María ora con la Iglesia en la espera de un nuevo Pentecostés. 68. “¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza! Hemos de proclamar ante nuestra sociedad “que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia”. Animamos a todos los católicos a no quedarnos en actitud pasiva. El momento presente nos urge a tomar nuevas direcciones para proclamar el Evangelio. El Señor nos convoca en la Iglesia porque quiere que crezca el número de sus discípulos misioneros en la construcción de su Reino en nuestra Nación. 69. No estamos solos, María, Virgen de la Altagracia, Madre de todos los dominicanos, nos mira y nos protege con su inmenso amor maternal. Como hizo con los primeros discípulos66, ella está presente y nos anima hoy a perseverar, y nos dice: “hagan lo que él les diga”67. A ella, Nuestra Madre, hemos de volver la mirada agradecida por habernos entregado a su Hijo, por habernos acogido como hijos suyos, por cuidarnos como discípulos misioneros. Que Dios les bendiga a todos.

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