EDITORIAL

El trabajo y sus grandes dilemas

Hoy es 1 de mayo, Día del Trabajo. Y aunque parezca un contrasentido, para muchos trabajadores la conmemoración significa precisamente eso: trabajar.

No hay tregua. No hay marcha que recupere el tiempo perdido. Porque el trabajo, como tal, no desaparece… pero está cambiando a una velocidad que da vértigo.

Muchos empleos comunes se transformarán y otros tantos desaparecerán por la automatización. Ese horizonte, mezcla de sombras y temores, es el que marca esta fecha.

Pero el verdadero desafío no es quedarse mirando el futuro con ansiedad, sino enfrentarlo como sociedad, con políticas concretas y voluntad real.

La receta no es nueva, pero sigue pendiente: sentar a Estado, empresariado y sector laboral a diseñar un nuevo contrato social.

Uno que contemple lo que ya está aquí, como el teletrabajo sin reglas claras, jornadas que se estiran en casa, inteligencia artificial que empieza a decidir quién merece un puesto y quién no.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo, el 16 % de los empleos en América Latina son susceptibles de ser automatizados.

Aquí ya vemos ejemplos a diario. Y no es ciencia ficción. Es un cajero que desaparece, un administrativo que compite con un algoritmo, un periodista que edita con IA.

Por eso urge una política de reacomodo laboral. No retórica, sino con hechos.

En paralelo, muchos países avanzan hacia la semana laboral recortada (de 44 a 36 horas) combinada con teletrabajo.

El Ministerio de Trabajo tiene un plan piloto, y bienvenido sea. Pero la experiencia internacional demuestra que se puede producir lo mismo en menos tiempo, sin recortar salarios.

Ese debe ser el norte: productividad con dignidad, no esclavitud disfrazada de flexibilidad.

Claro, no todos los sectores pueden acogerse al mismo molde. Hay trabajadores del comercio, la salud, el transporte o la seguridad que necesitan presencia física diaria.

Pero eso no es excusa para postergar a quienes sí pueden beneficiarse de modelos más justos.

Los desafíos de este 1 de mayo son claros y no se agotan en consignas bonitas.

El reto ya no es solo pedir más empleo. Es pedir mejor empleo. Con reglas claras para la IA, derecho real a la desconexión en teletrabajo, y jornadas más humanas sin que nos cuesten el sueldo.

Hoy no se trata de trabajar más. Se trata de trabajar mejor, con derechos, con futuro y sin miedo a que una máquina nos vuelva invisibles.