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Dos espadas sobre la garganta de la República

La presencia masiva de haitianos indocumentados, sin un registro confiable, y la rápida expansión del microtráfico, son hoy dos amenazas severas a la seguridad nacional.

La primera pone en juego, vulnerándolos gradualmente, los resortes de nuestras normas migratorias, bases fundamentales de la soberanía nacional.

Y la segunda, también como correlato, contamina y debilita todas las estructuras de prevención y castigo de este crimen de lesa humanidad, echando poco a poco por la borda las esencias de nuestros valores sociales.

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La combinación de estos fenómenos anómalos en un entorno de dificultades económicas, desempleo y decadencia del sistema educativo, es ahora el mayor peligro que desafía la República.

De ahí que sea preciso cerrar filas con la responsable postura del presidente Luis Abinader en defensa del derecho soberano que tiene el país a no ceder a las presiones internacionales para que adopte el mandato de las ¨fronteras abiertas¨.

Condicionar nuestras leyes migratorias a ese postulado, principalmente alentado por las Naciones Unidas, llevaría obligatoriamente a la República Dominicana a una claudicación constitucional.

Ahora que se propagan en Europa las lenguas de fuego y destrucción propiciadas por grupos de inmigrantes y musulmanes, es cuanto más urge apretar las tuercas del poder para impedir la llegada de más inmigrantes ilegales y la entronización de los narcotraficantes en el corazón de nuestros barrios y ciudades.

La patria, en verdad, peligra y no hay pretextos ni alegaciones vacías o justificativas para cruzarnos de brazos y aceptar que, por irresponsabilidades de otros, abramos la frontera justamente cuando Haití ha sucumbido ante el peso de las pandillas salvajes que controlan su territorio.