editorial

El desplome de la autoridad

La autoridad, en un amplio espectro, está en caída libre en esta sociedad.

En el caso de padres y maestros, ya no puede decirse, como en el himno a Duarte, que “en la fragua de la escuela/ nuestra patria fue forjada/ y al calor de tu enseñanza/ le infundió vida sagrada”.

Desde que los padres claudicaron en el deber de proveer a sus hijos la formación integral, educativa y cívica, para modelarlos como buenos ciudadanos, la patria comenzó a flaquear.

Los maestros, llamados a ser los forjadores de ciudadanos en la escuela, como fragua modeladora de conductas, sentimientos patrios y valores morales, también han perdido la suya.

Las dolientes realidades de nuestras escuelas públicas, sintetizadas en un informe del Ministerio de Educación, revelan cómo el cáncer de la indisciplina, el irrespeto, las adicciones negativas y otras aberraciones, han desplomado el principio de autoridad en ellas.

Pero lo mismo ocurre en otras esferas de la sociedad, donde los desacatos a las buenas costumbres, al pudor y la decencia y a las leyes que trazan los deberes de los ciudadanos, tuercen estrepitosamente el curso ético y moral de la nación.

Sin una escuela comprometida en la forja de las nuevas generaciones, no hay garantías de que funcione un Estado democrático, social y de derecho, en medio de un conglomerado humano que desafía la autoridad de padres y maestros y de los poderes del Estado.

Estamos entrando en la vía de un atolladero social ante la miopía o la indiferencia de muchos que todavía no alcanzan a divisar la cercanía y profundidad del precipicio.