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Editorial domingo, 20 de noviembre de 2022

¡Ni un paso atrás!

 

En la firme determinación de controlar la inmigración ilegal y la delincuencia, el gobierno y la sociedad no pueden darse el lujo de retroceder en sus pisadas.

La defensa de nuestra seguridad, externa e interna, es innegociable y de ella depende la tranquilidad de la ciudadanía y la validez de nuestras leyes migratorias.

Ahora mismo se están moviendo fuerzas que pretenden mediatizar esta defensa.

Unas internas, saboteando la tranquilidad y el sosiego de la ciudadanía, y otras externas extralimitándose en sus injerencias y creyendo que pueden usar la soberanía del país como un “punching bag” de sus quejas o críticas para disolverla.

Una nota extravagante la ha dado la embajada de Estados Unidos sobre supuestos tratos desiguales a sus ciudadanos de piel oscura o afroamericanos, que nunca antes se habían denunciado.

Al exponerlos ahora, con una cuña dirigida a las repatriaciones de ilegales haitianos, de piel oscura por demás, Estados Unidos envía un mensaje de preocupación, aunque contradictorio, sobre la suerte de sus ciudadanos negros o afroamericanos que visitan nuestro país.

Ojalá que igual preocupación se haga sentir dentro de esa gran nación, donde la mayoría de los presos que pueblan sus cárceles son negros o hispanos, las dos minorías que más sufren de pobreza y desempleo, así como discriminación en muchos sentidos.

Pese a que la esclavitud fue abolida hace casi doscientos años, en Estados Unidos impera un nivel de racismo que aquí no tenemos y un alto grado de violación de los derechos de la minoría afroamericana, que dista mucho del enorme costo que tenemos para darles salud y educación gratuita y permitirles trabajar en muchas áreas.

A ningún ilegal que viole las leyes migratorias de un país se le reconocen derechos. Los Estados Unidos han dado ejemplos elocuentes, así como Cuba, Bahamas y otras naciones, entre ellas muchas europeas.

La República Dominicana tiene en estos momentos su soberanía y sus leyes migratorias en alto grado de vulnerabilidad y bajo ningún concepto puede mostrar signos de doblez frente a las intromisiones de países que buscan torcer ese camino.

Igual que frente a la delincuencia rampante, la sociedad tiene que alinearse con el gobierno en la lucha para enfrentarla con firmeza.

Al Presidente no puede dejársele solo en este empeño, porque lo que está en juego es la integridad nacional y la seguridad ciudadana, y en ambos frentes hay que dar la cara con responsabilidad y valor, utilizando como escudo el ideal duartiano y la Constitución.

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