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Editorial martes, 03 de diciembre de 2019

La serpiente atrapada

Para los Estados Unidos, la captura del llamado “Rey de la cocaína” de la República Dominicana, César Emilio Peralta, representa otro exitoso golpe contra las cúpulas que dirigen el tráfico de drogas desde el Caribe hacia su territorio y Europa.

Con el apoyo de inteligencia de las policías de Colombia y República Dominicana, el Departamento de lucha Antidrogas (DEA) capturó en Cartagena al hombre más buscado desde que eludió un cerco en nuestro país, hace tres meses, aparentemente advertido de lo que se cernía en su contra.

Un grueso expediente sobre la introducción de toneladas de cocaína a territorio norteamericano, acompañado de una solicitud de extradición, disparó el mecanismo de persecución contra “César el Abusador”, un personaje que se movía libremente en los ambientes faranduleros con evidente protección de autoridades.

Tras el atentado en el que resultó gravemente herido la estrella del beisbol de Grandes Ligas, David Ortiz, vino el destape de los nexos de algunos implicados con “César el Abusador”, a partir de lo cual se ordenó un amplio operativo policíaco-militar en el que cayeron presos algunos de sus cómplices.

Su captura ahora en Cartagena, con inmediato traslado sumario a los Estados Unidos, sin mediar proceso de extradición desde la República Dominicana, permitirá a la DEA completar más detalles sobre los vínculos del capo con instancias de poder en el país, tan inocultables que se prueban por sí mismos con el largo tiempo en que operó el negocio del tráfico de drogas sin contratiempos.

Las sospechas, fundadas, por supuesto, de que “César el Abusador” operaba con tal nivel de protección, se sustentaban en la ostentación que este hacía como propietario de lujosos apartamentos y villas, restaurantes y yates, así como de sus relaciones con artistas, peloteros y otras figuras del país.

Inclusive, se llegó a comentar que su escape del cerco de la DEA se debió a que contaba con información previa de alguien conectado a la estrategia de búsqueda y captura. Luego, su salida del país supuestamente en una embarcación que zarpó de un punto de la zona Suroeste, abona más conjeturas a dichas sospechas.

Ya en manos de la justicia norteamericana, menos dúctil que la de aquí, se espera que las confesiones de este importante capo arrojen luz sobre la red que dirigía y abran el camino a su total desmantelamiento y al enjuiciamiento de sus cómplices, presos o sueltos, conocidos o tapados, poniendo fin a la coraza de impunidad que por muchos años, le permitió ser la “cabeza de la serpiente” del narcotráfico local.