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Editorial jueves, 13 de junio de 2019

¿Quién ordenó matarlo?

La sociedad aguarda que las autoridades identifiquen al autor intelectual del atentado contra el glorioso beisbolista de las Grandes Ligas, David Ortiz, única vía que permite esclarecer las causas o razones del porqué trataron de quitarle la vida.

En la versión preliminar que han dado la Procuraduría General de la República y la Policía Nacional se han identificado a once personas como parte del complot para asesinar a Ortiz, cinco de ellas están prófugas.

Uno de los acusados, de acuerdo con la versión oficial, admitió que el grupo cobró 400,000 pesos para ejecutar con acechanza y alevosía tan bochornoso acto criminal contra una de las figuras de más fama internacional que tiene la República Dominicana.

El que se atreve a ordenar el asesinato del Big Papi utilizando una nutrida camarilla de ejecutantes estaba muy consciente del tamaño de su osadía y, al mismo tiempo, sentirse bastante blindado para lograr impunidad, sea por vínculos con sectores de poder político o de la justicia, algo que no es raro aquí.

Tras el intento de asesinato, numerosas conjeturas han circulado en torno a sus posibles causas.

El propio vocero del Big Leaguer declaró, horas después del suceso, que se trataba de un acto de sicariato. Y desde entonces, la preocupación que subyace entre todos los admiradores del Big Papi es la de saber el porqué del atentado.

La Procuraduría y la Policía han dado seguridades de que llevarán las investigaciones hasta las últimas consecuencias y que los autores intelectuales serán identificados, capturados y llevados a la justicia, como procede.

Esa es, justamente, la aspiración de una sociedad conmocionada por este vil y cobarde ataque contra David Ortiz.

El imperativo de esclarecerlo tiene más fundamento si se toma en cuenta que el rumor público ha dado por un hecho que los hilos del atentado fueron movidos por manos poderosas que, usando sicarios, han sido capaces de desafiar arrogantemente la ley y pretender quedarse fuera del alcance de la justicia.