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Economía & Negocios miércoles, 01 de septiembre de 2021

Sin la economía naranja, República Dominicana no podrá cumplir con Estrategia Nacional de Desarrollo 2030

Jhenery Ramírez
Santo Domingo, RD

El 2021 fue declarado por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el “Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible”, considerando que la economía naranja entraña actividades económicas basadas en el conocimiento y la interacción entre la creatividad humana y las ideas, el conocimiento y la tecnología, así como los valores culturales o el patrimonio artístico y cultural y otras expresiones creativas individuales o colectivas.

Este año fue declarado a favor de la economía creativa, según Naciones Unidas, para sostener y apoyar las economías de los países en desarrollo en la transición progresiva hacia una mayor productividad mediante sectores de alto valor añadido, promoviendo la diversificación, la modernización tecnológica, la investigación y la innovación, incluida la creación de puestos de trabajo de calidad, decentes y productivos, entre otras cosas mediante la promoción de las industrias culturales y creativas, el turismo sostenible, las artes escénicas y las actividades de conservación del patrimonio.

Entre estos países en vía de desarrollo se encuentra República Dominicana, nación que en su Estrategia Nacional de Desarrollo (END 2030) que fue constituida en el 2012, cuenta con objetivos que incluyen el impulso de las Industrias Culturales y Creativas (ICC).

La economía naranja es considerada como un motor económico, por lo que las autoridades deben acelerar los objetivos culturales de la END 2030.

El objetivo general 2.6 “Cultura e identidad nacional en un mundo global” de la END 2030, incluye el objetivo específico 2.6.2 que cita “promover el desarrollo de la industria cultural” el cual tiene los siguientes lineamientos de acción, según el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM):

 1. Desarrollar la oferta cultural, específicamente la artesanía, con el fin de crear productos atractivos para la actividad turística y promover el patrimonio cultural tangible e intangible.

2. Fomentar las industrias culturales, incluidas las TIC, el mercado de bienes y servicios culturales, con el fin de elevar el nivel de vida de la población y promocionar la identidad cultural como valor agregado.

3. Promover la comercialización de los productos y servicios culturales, tanto a nivel local como a nivel internacional.

4. Diseñar mecanismos de apoyo financiero a creadores individuales y colectivos, de obras culturales de interés público.

5. Impulsar programas de capacitación y formación en áreas vinculadas a los procesos productivos de las industrias culturales.

6. Diseñar mecanismos que impulsen una eficiente distribución de los libros de autores nacionales.

De acuerdo con el MICM, la mención explícita de la promoción de las ICC en el plan de desarrollo nacional, justifica y compromete a todas las instituciones dominicanas, tanto públicas como privadas, a seguir trabajando de manera ardua para enfrentar los retos y cerrar las brechas que el sector en general presenta.

No es para menos el hecho de que República Dominicana avance en promover su cultura y patrimonio para alcanzar ingresos económicos. Sin embargo, puede ser sorprendente que en el segundo eje estratégico, donde se hace referencias a las industrias culturales y creativas, no aparecen indicadores que permitan reconocer actualmente cuáles de estas metas se han cumplido en pro de la economía naranja. Además, entre las reformas del segundo eje estratégico no aparecen relacionadas a la cultura o la creatividad.

¿Por qué su importancia?

De acuerdo con el documento “Impulsando la economía naranja en América Latina y el Caribe” que se presentó en el Foro Abierto de Ciencias Latinoamérica y el Caribe (CILAC 2018), la economía creativa o naranja tiene un papel importante en la promoción del crecimiento económico, el desarrollo inclusivo y la innovación.

Este informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) destaca en primer lugar que los sectores creativos parecen estar caracterizados por un elevado crecimiento de la productividad; además de que son una importante fuente de creación de trabajo para los jóvenes, no solo en los sectores puramente creativos, sino también en las industrias tradicionales.

La investigación que cuenta con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) indica que la creatividad es uno de los principales impulsores del proceso de innovación en una sociedad. “De hecho, los productos creativos son únicos y disruptivos, y tienen el potencial de inspirar a toda la sociedad a través de la generación de ideas y, por ende, de innovaciones”, revela.

¿Se ha avanzado?

Entre 2010 y 2014, los dominicanos parece que comenzaron a creer más en la economía naranja, ya que una muestra de ello es que según los resultados de la “Encuesta Nacional de Consumo Cultural de República Dominicana 2014” (ENCC-RD 2014) identificó que en el año 2010 habían unas 421,036 personas trabajando en una labor relacionada con la cultura, lo que representó el 10% de la población ocupada. En el año 2014, totalizó 468,324 personas, lo que correspondió al 12.5% de los ocupados de ese año. En términos relativos, la variación entre el 2010 y 2014 presentó un crecimiento de 11.16%.

De acuerdo a la ENCC-RD 2014, cerca de 1.8 millones de dominicanos de 15 años y más, residentes en las zonas urbanas del país, asistieron a algún lugar o evento cultural, siendo el cine el lugar más frecuentado con un 45%, seguido por los eventos artísticos con un 14% y los parques nacionales con un 11%.

Arroja, además, que de las 5.2 millones de actividades de navegación por Internet reportadas en el 2014, las principales fueron: escuchar música grabada (21%), ver vídeos y películas (20%), y descargar música y video (16%).

No obstante, es probable que incluso después de la llegada de la pandemia, estos resultados sean mucho más elevados debido al acercamiento de la generación zeta a la tecnología, el distanciamiento social y las nuevas formas de generar dinero a través de las plataformas digitales. Ante esta realidad, es que el país, para cumplir con el objetivo 2.6 de la END 2030, debe actualizar lo más pronto esta encuesta de consumo cultural.