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Vida Verde jueves, 17 de octubre de 2019

ENCUENTRO VERDE (1 de 2)

Manglares: un laboratorio natural, refugio para especies y barrera contra desastres

Andrea Thomen, bióloga e investigadora del Grupo Jaragua, conversa con Listín Diario sobre los servicios que ofrecen los manglares y las principales amenazas que enfrentan estos bosques anfibios en República Dominicana

Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo

¿Sabías que todas las provincias costeras de República Dominicana (16) cuentan con algún área cubierta de mangles? 
 
Al hacer la observación, la bióloga, investigadora y educadora Andrea Thomen también señala que lamentablemente estos ecosistemas costeros marinos, hábitat y refugio para muchas especies endémicas, nativas y migratorias, se encuentran disgregados y amenazados.

Thomen es gerente de Proyectos del Grupo Jaragua y actualmente coordina iniciativas sobre el ecosistema manglar que aportan nuevas ideas y estrategias para su investigación y conservación.

En su participación en el Encuentro Verde de Listín Diario apuntó que son tantos los beneficios que estos bosques anfibios exclusivos de los trópicos aportan a la ecología y a la economía que es una pena que no cuenten con mayor atención y protección por parte de las autoridades, las comunidades costeras y de toda la ciudadanía.


“El manglar es un laboratorio de investigación increíble. En perfecta armonía convergen especies terrestres cercanas  o no tan cercanas y también las marinas. Y se llevan bien, comparten su hábitat, no riñen por espacio”, explica la bióloga Yvonne Arias.


Comenta, por ejemplo, que muchos de los servicios que se asocian a los bosques forestales terrestres aplican también para el bosque de mangles, especies únicas de gran resistencia a la salinidad y a las inundaciones y una de las unidades ecológicas más productivas del mundo.

“El manglar sirve de refugio para muchas especies marinas y costeras. Es un criadero vivo de aguas tranquilas donde los peces pequeños se refugian contra depredadores”, destaca.

Sirven también como anidamiento y dormidero de aves, para especies del arrecife de coral y para otras que habitan a kilómetros de distancia. Cangrejos, almejas, ostras y jicoteas usan todo este ecosistema como hábitat y fuente de alimento.

“Los manglares nos protegen contra inundaciones y marejadas y son una barrera contra el viento durante tormentas y huracanes”, apunta Thomen.

Eso sí, para que el manglar brinde todos estos servicios debe estar sano, comenta. 


El manglar es el ecosistema donde el árbol de mangle es la especie más abundante.  El mangle puede estar mezclado con otras especies como el grigrí y la palma cana. Sobre sus raíces crecen lianas, enredaderas y plantas acuáticas “y eso hace más rica la biodiversidad asociada”, dice Thomen.
 

CARBONO AZUL

Hasta hace una década, no se tenía del todo claro el papel que jugaban los manglares en la captación de dióxido de carbono (CO2). No si se le comparaba con los bosques forestales terrestres, especialmente los bosques de montaña y latifoliados.

“Se hacían estudios sobre cuánto CO2 puede capturar el manglar en su biomasa, pero no se habían estudiado bien el suelo y los sedimentos debajo de la biomasa del árbol vivo”, explica Thomen.

Los resultados de investigaciones realizadas entre 2009 y 2011 por el Centro para la Investigación Forestal Internacional y el Servicio Forestal de Estados Unidos precisaron que, bajo la superficie del agua, el mangle captura mucho más CO2 (alrededor de un 5 ciento) que en la biomasa aérea.

“Por eso surgió la iniciativa del carbono azul, porque se dieron cuenta que no solo los manglares, sino también las praderas marinas y marismas, pueden atrapar de dos a cuatro veces más CO2 que los ecosistemas forestales terrestres”, explica Thomen.


Todas las especies de mangle comparten características que los hacen únicos. La principal es su capacidad de resistir las inundaciones y la salinidad. 

En República Dominicana, algunos estudios se han enfocado en aportar datos sobre la distribución y los servicios que ofrecen.

De acuerdo con el Atlas de Biodiversidad y Recursos Naturales de República Dominicana (2011), el ecosistema de manglar nuestro ocupa 294 kilómetros cuadrados y se han contabilizado "más de 55 zonas" en los que aparece.

Los cuatro mayores parches están ubicados en la costa de Montecristi, en Samaná y Hato Mayor (Los Haitises), en La Altagracia (Parque Nacional Cotubanamá) y en Pedernales (Parque Nacional Jaragua).

Las provincias “interiores” de Bahoruco, Independencia, Monte Plata y Dajabón también cuentan con manglares.


Yvonne Arias, Andrea Thomen y Eladia Gesto, en el Encuentro Verde de Listín Diario. ©Víctor Ramírez/LD

AMENAZAS

Pese a que todas las provincias costeras y cuatro del interior tienen algún porcentaje importante de ecosistema de manglar, hay un problema de conectividad y de condición ecológica del estado del mangle, dice Thomen.

“A veces son parchecitos, bien separados, y es lo mismo que pasa con los bosques terrestres: están presentes, pero si están separados no pueden cumplir su función  y su papel ecológico en el caso de inundaciones”.

Las principales amenazas que enfrentan siguen siendo la extracción de mangles para madera y carbón y para cambiar el uso de suelo.

Una tendencia en boga, resalta Thomen, es la siembra de cocos.  “Hemos visto en Samaná que han sido cortados parches de mangles que estaban restaurándose, conectándose, para hacer conucos de cocos para suplir el sector turístico”.


En RD crecen cuatro especies de mangles: Rhizophorae mangle (rojo), Avicennia germinans (negro), Laguncularia racemosa (blanco) y Conocarpus erectus (botón). De estas, la más abundante es el mangle rojo. En el país se han registrado unas 55 zonas de ecosistemas de manglar. ©Yaniris López

Sobre la extracción de madera, indica que aunque sea para uso artesanal no es recomendable, porque las cuatro especies de mangles presentes en el país se encuentran en la Lista Roja de la flora amenazada y estos ecosistemas gozan de protección especial.

Otra amenaza es el secado y dragado del manglar simplemente para removerlo o para construir encima carreteras, marinas o infraestructuras turísticas.

Y otro peligro es la extracción no sostenible de especies asociadas al manglar,  como jicoteas, almejas y cangrejos, así como la captura de flamencos y cacería de aves.

QUÉ HACER
La guía “Patrimonio vegetal: plantas y árboles nativos para las aves y las personas del Caribe”, de la organización de conservación sin fines de lucro BirdsCaribbean, destaca que “los manglares son especialmente importantes para la restauración de humedales y hábitats costeros”.

Para Thomen, en el caso dominicano, antes de pensar en restaurar la prioridad es proteger los ecosistemas y pequeños parches existentes (sobre todo en zonas muy deterioradas como las del Parque Nacional Cotubanamá . De esta forma se está protegiendo también la fauna asociada al ecosistema.



“Luego se puede hablar de la restauración del manglar, que incluye tanto las especies de mangles que estaban ahí como asegurar la conectividad paisajística y las especies animales asociadas a él”.

Tanto Thomen como Yvonne Arias (coordinadora del Encuentro Verde) y Eladia Gesto (coordinadora de programas de conservación de la fundación Propagás) coinciden en que hace falta generar documentación sobre la cobertura histórica del manglar, identificar sitios donde había y donde hay actualmente para proceder a realizar mejores investigaciones, especialmente en las zonas turísticas, donde muchas áreas de manglares fueron desplazadas para dar paso a infraestructuras.

 


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