Ventana

Él habla y yo escribo

  • Primera parte de la conversación con el cantautor cubano afincado en República Dominicana, Celestino Esquerré.

.

Celestino me leía en Cuba cuando yo era redactor de uno de los medios impresos más queridos del país: la hoja católica dominical Vida Cristiana. Sin embargo, nos conocimos personalmente en República Dominicana.

Esquerré me cuenta que esa coincidencia no solo le ha ocurrido conmigo, sino también con otros cubanos, incluidos artistas como él, reencontrados lejos de la tierra que los vio nacer. Somos hijos de una migración que define como un fenómeno “terrible y maravilloso”. Le agradezco profundamente que me haya regalado parte de su tiempo para conversar.

JP: ¿Cómo surge tu vocación por la música?

Celestino: Mi caso es atípico. En mi familia nadie es músico. Tenía un tío abuelo que fue el gran maestro de la plástica Pedro Esquerré, pero crecí sin guitarras ni un ambiente musical especial en casa.

Mi primera atracción vocacional nació en misa. De niño me sentaba junto al coro y escuchaba tocar guitarra a otros niños que eran hijos de músicos. Por eso, al principio, pensaba que ser artista no era para mí.

Cuando estudié becado en la escuela vocacional de Matanzas, mis amigos, que tenían grupos musicales, dejaban las guitarras sobre la litera —o camarote, como le llaman en República Dominicana—. Yo las tomaba e intentaba imitar lo que hacían. A los 18 años me regalaron mi primera guitarra y desde entonces descubrí una vocación que no he soltado hasta hoy.

JP: Como artista tienes un fuerte vínculo con la fe. ¿Eso no te generó temor en Cuba cuando comenzabas? No es común que en los medios nacionales se promueva música o artistas católicos como ocurre en República Dominicana.

Celestino: Siempre manejé eso con mucha naturalidad. La primera vez que me censuraron una canción en la radio por hablar de Dios me resultó extraño.

Mi primer profesor de guitarra y amigo, el compositor cubano Rubén Rodríguez, también referente dentro de la música católica cubana, me dijo una vez: “Celestino, acuérdate de que lo principal de un creador es la honestidad”.

Creo que él entendía que mis canciones eran exactamente lo que soy: un reflejo de mí mismo, y mi conexión con Dios forma parte de mi esencia. Siempre he sido una persona de fe; desde niño asistí a la Iglesia.

Por eso, un día podía escribir una canción sobre mis problemas, luego una de humor y al siguiente una sobre Dios. Así mismo ocurría en mis conciertos.

La verdad es que no tuve malas experiencias en el sentido personal. Nunca intenté juzgar a quienes no ponían mis canciones en la radio o no me invitaban a la televisión; simplemente pensaba que no sabían lo que estaban haciendo. Además, la mayoría de mis amigos no eran católicos y jamás me juzgaron por mi fe.

JP: En el tiempo que llevo en República Dominicana he escuchado de varios artistas cubanos conocidos que no han logrado continuar aquí sus carreras por distintos motivos. ¿Cómo lo has conseguido tú?

Celestino: Mira, el trayecto es duro. Lograr que tu música llegue a las personas toma tiempo. Imagínate haber llenado teatros en tu país y luego mudarte a otro lugar para empezar desde cero. No es fácil.

Muchos músicos cubanos llegamos aquí y sentimos que volvemos a nacer, pero nacemos con 35 o 40 años, en un lugar donde la prioridad inmediata es conseguir dinero para pagar renta y comer.

Yo vivo en Santo Domingo desde hace cuatro años, aunque comencé a venir con regularidad desde 2018.

Mi historia migratoria comenzó en 2016, cuando el escritor y director de Casa de Teatro, Freddy Ginebra, me invitó a montar juntos un espectáculo titulado: Él canta y yo cuento. En esa época lo presentamos en Cuba. Freddy ha realizado ese formato con artistas de primer nivel, así que para mí fue un honor recibir esa propuesta.

Con ese espectáculo vine por un mes a República Dominicana en 2018 y, desde entonces, comencé a sembrar una semilla artística en este maravilloso país. Mi primer disco grabado aquí se llama Una noche en Santo Domingo. Luego surgieron otras invitaciones y nuevos proyectos.

Cuando finalmente decidí migrar, tuve que empezar de cero, pero ya algunas personas conocían algo de mi trabajo. Además, aquí ya había hecho teatro, cine y lanzado mi último disco, Transparente, que fue grabado totalmente en La Habana, junto a toda la banda y un grupo de músicos excelentes.

Nunca me he detenido artísticamente desde que llegué. Recientemente participé como actor en la película sobre la vida de Milly Quezada. También he escrito canciones para artistas dominicanos y de otros países. Así he ido entretejiendo mi historia artística en esta tierra.

Pero entiendo perfectamente la pregunta. Migrar no es solo volver a nacer o comenzar desde cero; en el caso de nosotros, los cubanos, implica además no tener un país que te respalde, un lugar al cual regresar o un público consolidado que consuma tu música en plataformas digitales. Nadie compra una boleta en el Teatro Nacional para ver a un cantautor que no conoce.

Por eso admiro profundamente a todos los que emigran. Ser migrante solo lo comprenden quienes han vivido esa experiencia. Los demás pueden empatizar, sí, pero hay cosas que solo se entienden desde dentro.

Yo no he dejado de soñar. Y quiero aprovechar este espacio para agradecer al pueblo dominicano por tanto cariño recibido.

Tags relacionados