Mirar al techo
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Miro al techo. Hay una línea fina, irregular, que va desde el ventanal hasta la lámpara. Llamé al ingeniero. Me detalló las razones de esa línea, lo que se debe hacer, del origen del problema que se puede agravar. En el balcón las señales son más evidentes, y más visibles, pero solo muestran un defecto peor, oculto a simple vista. Me advierte el ingeniero, con palabras técnicas y llanas que me urge tomar acciones inmediatas antes que todo empeore, antes que eso que está más allá de la línea fina, irregular, deforme la estructura.
-Está a tiempo, aún el asunto se puede manejar bien.
Días después recibo el presupuesto. Hago cálculos. Me cuestiono sobre el uso de los ahorros. Saco cuentas. Consulto.
-¿Qué tiempo puedo esperar?
No es preciso en responder fuera de la advertencia de que me conviene hacerlo lo más pronto posible.
No se puede reparar tan pronto como el ingeniero propone, ni tan pronto como quiero.
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Miro el techo. La espera mientras se reúne el dinero, haciendo los malabares posibles para no convertir la estabilidad de la economía hogareña en un posible cataclismo, es algo mortificante, pero llevadera.
Es una sensación conocida. Correr hacia una meta sin saber qué tanto debes correr. Ese compás en el que haces, planificas, gestionas… sin saber cuándo todo lo que estás haciendo concluirá en eso que esperas, que necesitas, que urge.
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Miro el techo. Tengo semanas observando esa línea irregular. A veces me molesta que esté ahí. Es el recordatorio de la urgencia. ¿Pude evitarla? No. Apareció allí como señal de algo que no se puede ver, pero ahora que está no hay manera de ignorarla, de desconocer lo que significa, de desear que no se extienda, que se quede quieta en lo que se planifica, se gestiona, se puede.
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Miro el techo. Pienso en asuntos que no tienen que ver con el techo.
¿De qué es signo la muerte de un chófer de un camión de basura, apuñalado luego de una persecución en Santiago? ¿Qué significa que ese hombre herido se desangrara mientras una persona le hacía preguntas y lo filmara? ¿Qué hay detrás de que ese hombre herido estuviera pidiendo ayuda, que no le dejaran morir, frente a alguien que insistía en preguntarle dónde vivía y le grababa?
¿De qué es signo que un Gobierno hablé de sacrificios y planes para enfrentar crisis sin detallar en qué consisten esos sacrificios y planes? ¿Qué significa que ese Gobierno anuncie como sacrificio un subsidio de unos 1,100 millones de pesos para no aumentar el precio de los combustibles? ¿Qué hay detrás de esa distorsión narrativa en la que se establece un “sacrificio” gubernamental cuando ese subsidio se aplica con recursos públicos, o sea, de toda la ciudadanía? ¿Quién es “el sacrificado”?
¿De qué son signos las casas anegadas, los puentes derrumbados por las crecidas de los ríos, los derrumbes en la ciudad y las vías inundadas después de horas o días de lluvias? ¿Qué significa que una niña muera aplastada por una pared de su casa, derrumbada por los efectos de esas lluvias? ¿Qué hay detrás de aquellos que sacan sus colchones al sol cuando escampa?
¿De qué es signo que el techo de una discoteca se derrumbe y mueran 236 personas? ¿Qué significa que se hable de ello como un accidente, cuando por mucho tiempo ese techo usaba lonas para retener el agua que se colocaba en su estructura? ¿Qué hay detrás de la supervisión que se necesitó y no hubo antes de ese 8 de abril?
¿De qué es signo el hallazgo en una villa, en Sosúa, Puerto Plata, de los restos hace pocas semanas de una joven desaparecida en el 2021? ¿Qué significa que esos restos reposaran durante casi cinco años en el mismo lugar donde estuvo por última vez, donde fue buscada? ¿Qué hay detrás de que ese hallazgo ocurriera por casualidad, luego de que la villa fuera vendida, cuando un jardinero trabajaba en el lugar?
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Miro el techo.
La línea fina, irregular.
Hago cálculos. Le escribo al ingeniero. Le digo que trataré que sea antes de junio. Eso espero, eso deseo, antes que todo sea peor.