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Las aventuras del doctor Alquitrán

Un juego empatado a 2 carreras con mucha algarabía, fuertes batazos y extraordinarias atrapadas mantuvo atentos al doctor Alquitrán con sus jugos de naranja sin azúcar y ron, así como a Madmoiselle Lanuí y Vandalis con sus cervezas bien frías.

En el séptimo inning, cuando los jugadores del escogido ocupaban sus posiciones defensivas en el terreno de juego, un enanito azul se subió sobre el dugout de los Tigres del Licey y comenzó a bailar a diestra y siniestra. Unos asistentes vestidos de azul le llevaron una bazuka de plástico azul, con la que el enanito azul disparaba grandes pelotas de esponja azules y T-shirts de los tigres del Licey al público, hasta que continuó el partido.

Vandalis: -Ahí está el maco.

Doctor Alquitrán: -¿Cuál maco, Vandalis?

Vandalis: -El de mi abolle y mi vendaje. En el partido anterior me llevé una de esas grandes pelotas azules, de las que tira ahora el enano ese. Es lo último que recuerdo.

Doctor Alquitrán: -Seguro bebiste despiadadamente..

Vandalis: -No, par de tragos y punto. Pero me llevé una de esas pelotas azules, tuve que pelear por ella, pues todos querían una.

Vendedor: Es cierto, yo estuve y me fui a casa mareado por la trifulca por un pelotón de esos.

Se acercaba al plato el bateador de turno, Oneil Cruz, cuando el doctor Alquitrán dijo: -Entonces, lo único que debemos hacer es conseguir uno de esos pelotones azules.

Madmoiselle Lanuí: Los Liceystas nunca son de firar.

Vendedor: -Déjeme eso a mí doctot Maniquí, yo consigo un pelotón de esos. Y dama, yo no soy liceysta, yo era de los difuntos Caimanes.

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