Ventana

“Blonde”

Era de esperar. Un buen libro merece una buena película. Y “Blonde” posee ambos atributos. Es posible que no guste a quienes leen de atrás para delante y solo encuentren lágrimas y gritos en una protagonista que demuestra en pantalla mucho más que eso. Pero así son los obtusos. Hay que perdonar su mala leche. “Blonde” no es una cinta con introducción, nudo y desenlace. A quienes busquen una histora teledirigida de orfandad, ingenuidad, terror, o denuncia social invito a no verla. “Blonde” no lo es. Parte de una estructura literaria a partir del lado oscuro de la protagonista. Aquí no hay sensiblería, sino mucha ingenuidad y dolor. La tesis no tiene cortapisas. No se puede ser mujer exitosa, bella y talentosa en una sociedad donde los valores que predominan no llevan faldas. Ese es el tema, pero expuesto de forma es novedosa. “Blonde” es un filme que no repite fórmulas. Posee criterio cinematográfico, rompe esquemas y traza una historia poco convencional donde el intimismo delata un esfuerzo cultural, donde las manecillas del reloj se confunden consigo mismas y las inflexiones viven gracias a una cámara que sabe sortear espacios y enfocarse en primeros y segundos planos. Brillan esos cuadros multitudinarios donde la mujer es aclamada no por su talento, sino por su belleza.

El guion es puro cine. Una manera de romper el aislamiento de una obra que no se hizo para premios, sino como arte en primera expresión. He leído crónicas y críticas donde le buscan la quinta para al gato. “Blonde” no blanquea el gusto del espectador promedio. Es un retrato de los Estados Unidos en dos décadas convulsas. Al igual que “The Irishman”, no cabe en un breve comentario ni en una apreciación subjetiva. Hay cine del bueno. Del que ya no se hace, del que no se aparta del rastreo, de la dimensión oculta, de la prerrogativa.

“Blonde” es una cinta difícil de ver, pero imposible de olvidar. Dominik confió ra de esperar. Un buen libro merece una buena película. Y “Blonde” posee ambos atributos. Es posible que no guste a quienes leen de atrás para delante y solo encuentren lágrimas y gritos en una protagonista que demuestra en pantalla mucho más que eso. Pero así son los obtusos. Hay que perdonar su mala leche. “Blonde” no es una cinta con introducción, nudo y desenlace. A quienes busquen una histora teledirigida de orfandad, ingenuidad, terror, o denuncia social invito a no verla. “Blonde” no lo es. Parte de una estructura literaria a partir del lado oscuro de la protagonista. Aquí no hay sensiblería, sino mucha ingenuidad y dolor. La tesis no tiene cortapisas. No se puede ser mujer exitosa, bella y talentosa en una sociedad donde los valores que predominan no llevan faldas. Ese es el tema, pero expuesto de forma es novedosa. “Blonde” es un filme que no repite fórmulas. Posee criterio cinematográfico, rompe esquemas y traza una historia poco convencional donde el intimismo delata un esfuerzo cultural, donde las manecillas del reloj se confunden consigo mismas y las inflexiones viven gracias a una cámara que sabe sortear espacios y enfocarse en primeros y segundos planos. Brillan esos cuadros multitudinarios donde la mujer es aclamada no por su talento, sino por su belleza.

El guion es puro cine. Una manera de romper el aislamiento de una obra que no se hizo para premios, sino como arte en primera expresión. He leído crónicas y críticas donde le buscan la quinta para al gato. “Blonde” no blanquea el gusto del espectador promedio. Es un retrato de los Estados Unidos en dos décadas convulsas. Al igual que “The Irishman”, no cabe en un breve comentario ni en una apreciación subjetiva. Hay cine del bueno. Del que ya no se hace, del que no se aparta del rastreo, de la dimensión oculta, de la prerrogativa.

“Blonde” es una cinta difícil de ver, pero imposible de olvidar. Dominik confió

Ficha técnica:

País: Estados Unidos.

Año: 2022.

Director y guion: Andrew Dominik, sobre una novela de Joyce Carol Oates.

Duración: 166 minutos. Reparto: Ana de Armas, Josh Brody, Bobby Cannavale, Jessica Chastrain, Julianne Nicholson, Evan Willians y Xavier Samuel.

Premios: Selección Oficial, Festivales de Cannes y San Sebastian.

Sinopsis: Es la historia personal reinventada de la sex symbol más famosa del mundo, Marilyn Monroe. La película es un retrato ficticio de la modelo, actriz y cantante durante los años 50 y 60, desde su nacimiento hasta su suicidio.

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