Crónicas

Las mejores crónicas se escriben fuera de su sitio. Torpes o vivaces, locas o atrevidss. Son crónicas capaces del exilio a media noche. Cantan al amor cuando llega la nostalgia: invocan la tristeza cuando vuela la orfandad; destilan utopías cuando el  tacto es anhelado. Son crónicas mundanas, pero crónicas al fin, con brotes, llagas y orificios que desclavan el ojo ajeno de paredes pretendidas.

La cronica de un día es como el aire que nubla la visión cuando creemos que es eterno. Otro aire distinto a ese, recordará la magia del ayer, y lo respiramos idéntico Pero no será el mismo. La vida, al igual que una crónica parece ser la misma cuando se intenta en el mismo contexto.

Solo se escuchan cuando narran historias con rasgos de ficción bien adulterados como gaviota abatida por el murmullo de los peces voladores que no pueden atrapar.

Estas crónicas son hijas del silencio. La vida las coloca del otro lado del reloj para que tarden en ser descubiertas, sin tiempo para recolectar nuevos contactod.

No invocan fantasmas, sino trapecistas. De esos que saben lo que vale caminar sobre una cuerda floja con los ojos cerrados.

En ellas vive el oráculo transgresor, la referencia de los ciegos, el vestido del alba salpicado de pétalos con soplos y siembras.

Son crónicas y punto. Historias con sabor a mundo. En ellas solo crece el deseo de la luz. Saben pellizcar la piel como vapor furioso que devora el dominio de la muerte. Ay del que las encuentre, las lea y trate de advertir que no hay abismos en ls inmensidad.