Ventana

Balaguer y Fernández Caminero

Cándido GerónSanto Domingo, RD

En septiembre del año 1995 llegué desde París a Santo Domingo, para coordinar una exposición pictórica en la UNESCO.

Estando aquí, me llamó Ramón Lorenzo Perelló para decirme que el Presidente Balaguer, estaba interesado que quien suscribe le consiguiera los tomos I y II de P. R. Thompson, Cartas al Caribe, de Oscar Robles Toledano.

Para ganar tiempo, me dirigí a la librería La Trinitaria y allí adquirí los dos tomos, tras lo cual me abordó el eminente cardiólogo, Luis Fernández Caminero, quien al conocer mi particular cercanía intelectual con Balaguer, me pidió la gentileza de llevarle una carta al mandatario.

Días después, le llevé los libros a Balaguer junto a la misiva de Fernández Caminero y el jefe de Estado sintió la satisfacción de recibir la comunicación del galeno, aun cuando expresara tener diferencias políticas.

El presidente Balaguer destacó el valor de la amistad entre ambos desde la Era de Trujillo y quien, según afirma el gobernante, Caminero, junto a otros médicos conspiraban contra el régimen dictatorial.

El gobernante calificó de intachable a Fernández Caminero y de eminente profesional de la cardiología, conocimiento que puso al servicio de numerosos revolucionarios que no podían asistir a los centros médicos públicos por estar vigilados por los esbirros del dictador, añade Balaguer.

La entrega de la carta generó una consecuente amistad entre el doctor Fernández Caminero y quien suscribe y este vínculo me permitió conocer a profundidad como estaban organizados profesionales de la medicina contra el régimen trujillista.

En principio, lo conocí y entablamos amistad en la tertulia de los sábados en la librería «La Trinitaria», propiedad de doña Virtudes Uribe. Ese era un día en que se reunía en la mañana y en la tarde una pléyade de la intelectualidad dominicana.

Recuerdo que a mi regreso de Francia como embajador y Delegado Permanente ante la UNESCO, lo visitaba con frecuencia en su residencia ubicada cerca de la Universidad de Unibe, interesado en conocer los acontecimientos generados después del ajusticiamiento de Trujillo.

A través del doctor Fernández Caminero supe cómo se fraguó el Golpe de Estado contra el gobierno del profesor Juan Bosch y su narrativa favoreció mi condición de investigador de sucesos políticos, sobre todo, de ese proceso tan convulso y doloroso.

Nunca olvidaré la tarde en que el doctor Fernández Caminero me llevó a conocer al doctor Mario Read Vittini y tuve la oportunidad de escuchar la enjundiosa conversación entre dos notables luminarias.

De allí salí más que impresionado porque esa inolvidable visita a la residencia del segundo amplió mi conocimiento sobre diversos tópicos de la historia de la política dominicana.

En una de mis acostumbradas visitas a Balaguer, al Palacio Nacional, le narré el interesante conversatorio entre Fernández Caminero y Mario Redad Vittini, y el poeta sonriente me dijo: «yo no sabía que usted frecuentaba esos altares mayores del conocimiento».

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