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Ventana sábado, 19 de junio de 2021

Juego Ciencia

Akiba K. Rubinstein, el estilista del Ajedrez

En 1912 alcanzó el clímax de su nivel ajedrecístico, imponiéndose en cinco certámenes de primera línea, entre ellos el clásico Torneo de San Sebastián.

  • Akiba K. Rubinstein, el estilista del Ajedrez
Nelson Pinal Borges, MI & FIDE Trainer
Santo Domingo, RD

Dentro de la evolución histórica de la teoría del ajedrez uno de los Maestros que sentó pautas por su distinguido estilo estratégico fue el polaco Akiba K. Rubinstein (1882-1961). Este extraordinario jugador, que aprendió a jugar a los 16 años, enriqueció el Juego Ciencia con su maravilloso concepto posicional, su facilidad para afrontar las complicaciones tácticas y su refinada técnica en el final. 

Ganador de los más importantes torneos entre 1907 y 1914, Rubinstein parecía destinado a ser Campeón Mundial y aunque sus condiciones físicas y mentales no se lo   permitieron, sí dejó para la posteridad importantes realizaciones en la Teoría de las aperturas. Quizás después de Emanuel Lasker, José R. Capablanca y A. Alekhine, fue el jugador más fuerte del mundo hasta alrededor de 1930 y es considerado por muchos como un Campeón sin corona.

Siendo aún adolescente, comprendió que este maravilloso juego iba a ser el centro de su vida. Deseoso de progresar y aprender, consiguió en poco tiempo el reconocimiento nacional y excelentes actuaciones en la arena internacional. Hacia 1907 comenzó su despegue con resultados espectaculares en competencias de jerarquía. Ganó el fuerte torneo de Karlsbad.  Fue 2do en San Sebastián 1911, donde derrotó a Capablanca en buena partida, aunque el entonces joven cubano resultó triunfador del evento.

En 1912 alcanzó el clímax de su nivel ajedrecístico, imponiéndose en cinco certámenes de primera línea, destacándose entre ellos el clásico Torneo de San Sebastián, donde se impuso sobre A. Nimzovich, R. Spielmann, S. Tarrasch y F. Marshall.

Aunque Rubinstein no tenía un repertorio de aperturas muy variado, aportó importantes novedades en los sistemas que practicaba y habitualmente superaba a sus rivales en el medio juego. Además, uno de sus puntos más fuertes era el manejo de los finales, que conducía con exactitud y elegancia. Es reconocido su destreza en la conducción de los difíciles y complejos finales de torres.

Antes de la primera Guerra mundial, Akiba se había convertido en un candidato firme al título mundial en poder del alemán Emanuel Lasker. Sin embargo, las fallidas negociaciones con el Campeón y el estallido de la Primera Guerra Mundial liquidaron las aspiraciones del polaco.

Al finalizar la guerra, Rubinstein acompañó con sus participaciones el limitado renacer de la actividad competitiva en Europa y realizó algunas excelentes actuaciones, ganando un match al ruso E. Bogoljubow y triunfando en varios torneos internacionales y casi sobre el final de su carrera, obtuvo el tercer puesto en el fuerte Torneo de San Remo 1930 detrás de Alekhine y Nimzovich y por encima de Bogoljubow, Yates, Spielmann y Maroczy, entre otros grandes del momento Un padecimiento mental lo obligó a alejarse definitivamente de los tableros y a recluirse en una institución psiquiátrica; para empeorar su penoso estado, la situación económica de Akiba era deplorable.

Este verdadero genio del ajedrez vivió, no obstante, muchos años más. Sobrevivió milagrosamente al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, pues en su condición de judío estuvo a punto de ser enviado al campo de concentración de Auschwitz, pero su precaria situación psíquica lo salvó milagrosamente.

Sufría de antropofobia (miedo a la gente y a la sociedad), pero también existen historias que sufría de hidrofobia, miedo al agua y por eso nunca viajó a América a jugar los grandes torneos de New York de 1924 y 1927, por el temor de viajar en barco, y se cuenta que las pocas veces que visitó al Reino Unido lo hizo tapándose los ojos para no ver el mar que lo rodeaba. Otra peculiar característica de su personalidad era, que cuando jugaba una partida hacía el movimiento que le correspondía y luego se escondía en alguna esquina a esperar que su oponente replicara.

Sus aportes en las aperturas (varios sistemas de Peón Dama, Defensa Tarrasch, Defensa Siciliana, Defensa Nimzoindia), el formidable manejo del medio juego y su virtuosismo en los finales, lo han convertido en un maestro insoslayable para los estudiosos por las ideas frescas y enseñanzas de sus partidas,  muestras de su extraordinario talento.

Murió en Amberes, Bélgica, el 14 de marzo de 1961.